| 08 de Agosto de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Francesc Sanguino
Francesc Sanguino

El comediante que quiso ser político

En esta provincia, como en muchas otras, tenemos un problema con eso de los aterrizados cuneros de emergencia y los supuestos independientes

Francesc Sanguino es hombre de teatro enamorado, como, salvando las abisales distancias talento-tiempo, Shakespeare o Lope, que lo mismo escribían tragedias o comedias para un público adorador de su ingenio, que las dirigían y, si era necesidad de la compañía ambulante a veces también las interpretaban; aunque quien le gusta de verdad a Paco (hoy Francesc por mester de progresía) es Valle-Inclán, manco del brazo izquierdo ("el bueno para escribir es el derecho", se justificaba con su postureo acostumbrado de irreductible), amante de los esperpentos, incluida su propia figura, "broncas" vocacional, y tan de izquierdas como Mussolini, muy capaces ambos de crear un mito de sí mismos.

Si ustedes tienen a bien repasar la historia verán que, desde Cicerón o Tácito, pasando por Julio César, Goethe, nuestro Jovellanos, más tarde don Manuel Azaña, hasta llegar a contemporáneos como Mario Vargas Llosa, han sido tan exitosos en su quehacer ensayístico y de ficción, como auténticos fracasados en política. Una cosa es teorizar desde la barrera, y otra, muy otra meterse en el ruedo, aunque sea una charlotada con vaquillas resabiadas que buscan el cacho, enanos que se las saben todas y el único engaño de tu figura.

Talmente, y en menor escala de prestigios consolidados en renglones de Wikipedia o anaqueles de biblioteca, hoy tenemos, aunque sea en un ámbito provinciano, a nuestro entrañable Francesc Sanguino, que en mala hora cambió de tercio, pasándose del arte de Talía con sus tablas, bambalinas y decorados: "los sueños, sueños son" (y en el subconsciente se quedan), a la feroz y despiadada realidad cotidiana de la cosa pública tan ajena a los encantamientos intelectuales, como al honor y honra calderonianos, o someterse a las presumidas reglas éticas con las que se pavoneaban cuando fueron elegidos.

El vodevil de Paco Sanguino con los concejales socialistas, resistiéndose hasta el final para que no le quitaran el cargo y sueldo de portavoz de la oposición, cuando Ángel Franco, híbrido de Robespierre y Rasputín, ya había dictado guillotinarlo porque en sus fantasías el teatrero edil y viceversa, se creyó Luis XVI con mando en plaza para hacer y decir lo que le diera la gana al margen del partido que lo entronizó (manteniéndole el jactancioso estatus de independiente) como alcaldable desde los cenáculos de la calle Pintor Gisbert (vaya por Dios, artista alcoyano autor del famoso cuadro "Los fusilamientos de Torrijos"). Y tras la derrota frente a Barcala y los fugaces Ciudadanos, hoy mendicantes de futuros en la Puerta de los Dolores del PP, le ordenaron, puesto que como profesional no le faltaba prosapia ni oratoria, que se limitara a leer convincentemente el guión escrito desde la dirección socialista.

Cuneros e independientes son demérito de los partidos políticos

"Ser o no ser" de un partido centenario que tantas veces ha estado en el tálamo del poder o esperando asaltarlo: esa ha sido la cuestión. Y es que como me contaba un viejo dirigente socialista que lo fue casi todo en el aparato: "¿Independiente? ¿De qué? Eso nos ha pasado por gilipollas, como si no tuviéramos compañeros afiliados y de méritos sobrados para elegir. Yo ya lo advertí, este nos sale rana." Y claro, Miguel Miñana le ha clavado el aguijón al batracio Sanguino, quien ahora deambula por el Ayuntamiento como valleinclanesco "Independiente" lamiéndose la soledad espectral y esperpéntica del desahucio político.

Y es que, en este país, en esta provincia como en muchas otras, tenemos un problema con eso de los aterrizados cuneros de emergencia, y los supuestos independientes. Nadie se fía de los primeros, quintacolumnistas enviados desde Madrid o desde Valencia, ¿por qué no los meten en sus listas, y nos los imponen en las nuestras como amamantados de cría chupándose nuestros votos, y lo que es peor: yendo con sus hablillas y fisgoneos a los Estados Mayores valenciano o madrileño. Tal es el caso de García-Margallo, hoy rutilante estrella televisiva, intelectual target Calendario Zaragozano, pero tan ausente de Alicante como los osos polares. Aunque este Margallo otrora veraneante de Jávea, se nos queda falto de "cunería" si lo comparamos con el astronauta Pedro Duque, presentado por los socialistas alicantinos a las Cortes Generales, y que de esta provincia conocía los que vio desde la estratosfera en una Estación Espacial; y en el colmo del morro angelical: ¡independiente!

De estos segundos, los independientes: ¿para qué hablar sin mentir sobre las medias verdades de simbiosis imperfectas? ¿A qué viene esa asepsia de puretas que no quieren verse mancillados por unas siglas y su ignominioso carnet? Y si tan "independientes" son ¿por qué no se presentan como tales, o en una candidatura donde todos sean igual de "inmaculados", y sin tacha partidista, a cualquier elección?

Cuneros e independientes son demérito de los partidos políticos. Los unos por ningunear a las ejecutivas provinciales y locales demostrando la imposición de pirámide autocrática; los otros porque vienen a demostrar la falta de cuadros válidos y capaces para gobernar, o ejercer la muy noble y leal oposición en democracia.