| 05 de Diciembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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La unidad necesaria ante el nuevo castigo a Alicante

El llamamiento a la unidad, si no es una pose, exige pasar de la teoría a la acción, exige pasar del lloriqueo de plañideras.

| Enrique Martín Edición Alicante

El maltrato del Gobierno central a Alicante ha causado lógico estupor en todas las instituciones y agentes sociales alicantinos: no es la primera vez que se relega a Alicante en las inversiones e infraestructuras que precisa para su desarrollo, pero sí es la segunda vez que Alicante se convierte en la última por inversiones en los Presupuestos Generales del Estado.

El presidente de la CEV Alicante hizo inmediatamente un llamamiento a la unidad de toda la sociedad civil. Bueno, tal vez no tan inmediatamente, sino acaso sumarse a la convocatoria  previa de la Junta Directiva de UEPAL, en la que se preveía abordar esta grave crisis institucional, que afecta a la médula de nuestros derechos como ciudadanos y como alicantinos.

Sin embargo, ya no es tiempo de declaraciones impostadas. Es el tiempo de los hechos y de su contundente elocuencia.

La unidad no se practica cesando arbitrariamente a un vicepresidente de una patronal representativa como UEPAL y tratando de arrinconarla, represaliando a quienes – ejercitando un derecho constitucional- eligen libremente pertenecer a ella.

La unidad no se consigue enfrentando a la UMH contra la UA, sino promoviendo el entendimiento y la cooperación entre dos instituciones clave para la provincia, que juntas serían más fuertes y que, si se impusiera el sentido común, se unirían en una sola Universidad con tamaño suficiente para competir en el mundo y frente a la favorita del sultán de la AVI, la Universidad Politécnica de Valencia.

 La unidad es defender que Alicante sea la sede de la Agencia Estatal de Supervisión de la Inteligencia Artificial (AESIA) y, con igual fuerza, que Elche sea la sede de la Agencia Espacial Española, quitándonos las boinas de una puta vez.

 El llamamiento a la unidad, si no es una pose, exige pasar de la teoría a la acción, exige pasar del lloriqueo de plañideras – que cobran por llorar - a la propuesta de medidas urgentes frente al centralismo valenciano, que nos castiga con la AVI, y frente al gobierno central, que con su desprecio amenaza como no lo ha hecho ningún otro gobierno el futuro de nuestros hijos: nuestra agricultura, nuestra hostelería, las infraestructuras que requiere nuestra industria.

Es significativo que haya sido con el Botànic cuando se ha llegado al peor momento de nuestra historia como provincia, convertidos en una fea sucursal de la gran franquicia valenciana, en la que nadie invierte, pero a la que se cobran rigurosamente los royalties.

En tiempos de COEPA, ya se habría convocado una movilización general de la sociedad civil alicantina, para defender un trato equitativo para la quinta provincia en aportación al PIB nacional. 

Como dijo el gran poeta oriolano: los bueyes doblan la frente, impotentemente mansa, delante de los castigos.

 La CEV Alicante tiene las manos atadas y la presbicia de un envejecimiento prematuro. El serpentino cinismo de Salvador Navarro, ahora concentrado en sus ambiciones en CEOE, ya no engaña a nadie. Necesitamos una patronal verdaderamente alicantina, sin servidumbres con Valencia, capaz de defender nuestra provincia, aunque ello suponga enfrentarse al poder, a todos los poderes. Aunque ello suponga renunciar a subvenciones y leyes de participación institucional, cuyo precio es la subordinación ideológica. Tenemos muchos gallos en el corral (algún zoólogo diría que pollitos y zorras astutas), pero no tenemos ningún león.

 Hemos celebrado el 9 de octubre y crece entre nosotros la sensación, espesa, inmensamente triste, de que el Estatuto de Autonomía fue hecho a la medida de Valencia y que no sirve, no servirá, a las legítimas aspiraciones de los alicantinos.

 Algo habrá que hacer.