24 de Febrero de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Sanitario practicando una prueba PCR

Abandonados a nuestra suerte

Da la sensación de que estemos abandonados a nuestra suerte, puesto que la sanidad pública no da abasto y, pese a ello, parece incapaz de tender la mano a la privada

| Mónica Nombela Edición Alicante

Se veía venir, pero por regla general uno se siente mejor al abrigo de la ignorancia que en el conocimiento de ciertos hechos desagradables. En vista del creciente número de personas que demandan la realización de pruebas PCR, que en alguna clínica privada te brindan en un estremecedor pack junto con el test rápido por el mismo precio, da la sensación de que esto del virus se haya convertido para algunos en el mejor negocio de su vida. Pase y bájese la mascarilla, le hurgo con el palito y son 120€, todo en menos de cinco minutos, porque los resultados no dicen más que si lo tienes o no, pero no otras variables, que ellos solo van a hacer caja.

Tienes que tener suerte para conseguir que te la hagan por la Seguridad Social, que igual ni te la hacen, como me pasó a mí tras el positivo de mi madre. Por suerte me podía permitir pagarme la prueba, aunque fuera en ese chiringuito al que he prometido no volver. No es consuelo saber que en otros países realizan gratuitamente las pruebas a toda la población.

Da la sensación de que estemos abandonados a nuestra suerte, puesto que la sanidad pública no da abasto y, pese a ello, parece incapaz de tender la mano a la privada, para ver la manera de compartir los recursos en la lucha contra el enemigo común. Para colmo, las nuevas directrices en materia de salud pública son de lo más inquietantes también. Afirman que al séptimo día el individuo ya no está contagioso, y está previsto que al cabo de otros tres días más sin síntomas pueda volver a su trabajo, sin más comprobaciones. Nunca la ciencia fue menos exacta.

La nave va y nuestros políticos dan la impresión de estar superados, cansados y sin ideas, a pesar de los cientos de asesores

Sabemos que la situación de la pandemia en Alicante está alcanzando unos niveles hasta ahora desconocidos. A pesar de las medidas restrictivas que tomó el Consell de cara a las Navidades, los contagios se han disparado. A la vista de los resultados, es obvio que las cosas no se han estado haciendo como se debería. En muchos centros, los sanitarios siguen sin tener equipos de protección individual para atender a los pacientes, lo que es responsabilidad de las direcciones de los centros y en última instancia de la Conselleria de Sanidad. Resultan patéticos los modelitos de plástico como de saco de basura que llevan algunos. Para evitar que se expanda el virus y poder atajarlo, es imprescindible tomar medidas serias y eficaces, organizar la vacunación en condiciones, y hacer un seguimiento de los contagios que hoy brilla por su ausencia, entre otras muchas cosas.

De otra parte, las nuevas medidas restrictivas no han sentado bien a la población valenciana. La hostelería no es la culpable de todos los males y el castigo indiscriminado al cierre durante dos semanas de todo este sector, clave de nuestra economía, no hará sino empeorar su ya difícil situación. En cuanto al público en general, descerebrados siempre ha habido y también gente sin conciencia social, que hace oídos sordos de los consejos, pero la mayoría está consciente y preocupado.  Mientras, la nave va y nuestros políticos, a la par que descoordinados bajo un mando inexistente, dan la impresión de estar superados, cansados y sin ideas, a pesar de los cientos de asesores, que bien podrían ser cesantes para emplear el dinero en cosas más provechosas, como la adquisición de material sanitario, o ayudas a los autónomos. Agárrense, que vienen curvas.

Mónica Nombela Olmo

​Abogada y escritora