| 28 de Junio de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Un voluntario ucraniano pasa delante de un check point / Foto: Diego Herrera / Europa Press
Un voluntario ucraniano pasa delante de un check point / Foto: Diego Herrera / Europa Press

Momentos convulsos en guerra

Pensábamos que la guerra fría era algo del pasado y nos desarmamos, dejamos de mandar a los jóvenes a la mili porque no creíamos en los ejércitos y hasta nos parecían algo de mal gusto

| Mónica Nombela Edición Alicante

Estamos viviendo momentos convulsos desde que el pasado día 24 de febrero diera comienzo la invasión de Ucrania a manos del ejército ruso, mandado por Putin. Es una situación que jamás nos habríamos esperado, pero que por desgracia ha ocurrido. Muchos nos preguntamos, impotentes: y ahora, ¿qué hacemos?

Esta guerra no se parece en nada a la que tuvo lugar en los Balcanes en los años ’90, cuando mandamos tropas de cascos azules españoles a pacificar la situación, por más que fuera una contienda de lo más cruenta, en la que se cometieron horribles crímenes contra la humanidad. A pesar de ello, y aunque la tuviéramos tan cerca, no temíamos por nuestra vida y nuestra seguridad como ahora, porque aquellos combatientes no trasmitían la idea de peligro que sí ofrece Putin. La cosa es muy preocupante, pues sabemos que Rusia tiene un potencial destructor que podría hacer realidad las peores pesadillas apocalípticas, las profecías del fin del mundo como actualmente lo conocemos. Y nuestro temor deriva del hecho de que muchos vemos a Putin capaz de cualquier cosa. Putin es la mayor amenaza para la humanidad desde Hitler y Stalin.

Desde que el mundo es mundo la humanidad ha luchado entre sí por el poder o por el territorio, entre otros motivos todos ellos injustificados, y siempre hay países en guerra en algún lugar del planeta, por lo que no deberíamos sorprendernos por lo que está sucediendo. Lo que tiene de diferente la actual es que desde la II Guerra Mundial no se había vivido nada parecido en nuestro continente. Una invasión de este calibre, en Europa, de un país democrático a manos de su vecino por puras ansias de expansión, a estas alturas del siglo XXI, parece algo trasnochado y contrario al sentido de los tiempos. Pensábamos que la guerra fría era algo del pasado y nos desarmamos, dejamos de mandar a los jóvenes a la mili porque no creíamos en los ejércitos y hasta nos parecían algo de mal gusto. Nos habíamos olvidado de la vieja máxima latina “si quieres la paz, prepara la guerra”, que acuñó el escritor romano Vegecio. Lamentablemente lo de estar armado y proteger las propias fronteras, lo de tener un ejército que pueda responder ante una situación como la que se ha desencadenado en Ucrania, es una verdadera necesidad, según se está viendo en estos días. En este sentido, la pertenencia a la OTAN nos confiere una protección de la que España no dispondría en otro caso.

Los ucranianos, todo corazón, están dando de sí el máximo para defender su país. Están siendo ejemplares, liderados por su presidente, Zelenski, que ha sido elevado a la categoría de héroe, a quien todos admiramos por su valor y determinación. Para plantar cara a Rusia hay que tener un par de narices y el presidente ucraniano está demostrando que no le faltan arrestos. El riesgo de la valerosa respuesta de los ucranianos es que Putin, para conseguir el sometimiento de Ucrania lo antes posible, redoble los esfuerzos y decida apretar el botón nuclear, causando una aniquilación bestial.

Lo que nos toca a los españoles son algunas de las consecuencias económicas, como la subida de los precios de los carburantes o de la luz

 

 La mayor esperanza en estos momentos, por otro lado, es la población rusa, que día a día se sigue manifestando en contra de la guerra. Los opositores rusos están representados por la anciana Yelena Usipova, que hace unos días fue detenida por manifestarse en contra de la guerra públicamente, junto con otros miles que son detenidos cada día por la policía soviética. Confiamos en ellos.

Lo que nos toca a los españoles, por el momento, son algunas de las consecuencias económicas derivadas de esta situación, como la subida de los precios de los carburantes, que ya están rozando los dos euros por litro, o de la luz, que partía de precios elevadísimos. Entre las 7 y las 8 de la tarde de hoy se alcanzarán los 500€ por megavatio/hora, por lo que vamos a tener que plantearnos muy en serio a qué hora tenemos que poner la lavadora, o bien si encender la luz o poner el aire acondicionado. Por otra parte, como hemos dejado de cultivar nuestros campos y además dependemos del maíz y el aceite de girasol de Ucrania, estamos a pocas semanas de quedarnos sin alimento para los animales, y el aceite de girasol empieza a escasear. La consecuencia es clara, doy por hecho que subirá el precio del aceite de oliva, y que en general se encarecerán todos los alimentos. Esta guerra nos empobrecerá a todos, lo que tiene una importancia menor si nos fijamos en el casi millón y medio de personas que ya ha tenido que abandonar Ucrania, desde que empezó la guerra de Putin. Vamos a tener en nada a miles de refugiados tocando a nuestra puerta.

Mónica Nombela Olmo

​Abogada y escritora