| 23 de Enero de 2023 Director Antonio Martín Beaumont

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Las pistolas, Bildu y el PNV (II). El pensamiento libre

Aún sigue el miedo y la coacción en Euskadi, la división social entre nacionalistas vascos y españolistas. Aún siguen allí quienes deben andar con la cabeza gacha y como escondidos

| Manuel Avilés Edición Alicante

Lo prometido es deuda. Me quedé sin espacio en el artículo anterior porque el asunto tiene tela. Es farragoso y ha traído mucha cola. Tanta como el subtítulo del libro: El desmantelamiento de ETA en la cárcel.

Todo el mundo se adjudica haber sido el que acabó con ETA, fundamentalmente los políticos y con los etarras terminó la Policía, la Guardia Civil, los Jueces, las medidas políticas y sociales, la evolución del mundo y de Europa que no podía soportar un movimiento terrorista y cavernícola en su seno… y también las cárceles con funcionarios trabajadores y con ese genio que tuvieron al frente durante bastantes años: Antonio Asunción.

Con las conversaciones de Nanclares –  lo saben del artículo anterior y, si no lo han leído, búsquenlo- se inició la vía del mismo nombre y también todo lo que ha habido después, incluidos los encuentros de los  terroristas con las víctimas, los que inició y potenció Maixabel Lasa, viuda de Juan Mari Jáuregui. Este hombre era mi amigo, uno de los muchos que ETA se cargó. No puedo evitar recordar a Máximo Casado, al que yo nombré  Jefe de Servicios en Nanclares y al que asesinaron en su garaje con una bomba lapa, tampoco olvido a Joseba Goicoetxea, al que apodaban “Cabezón”, un gran policía, ertzaina al que asesinaron en un semáforo, a traición como siempre. Los recuerdo cada día.  Jauregui estuvo conmigo unos días antes de su muerte. Sostuvimos ambos una pancarta en la puerta de la cárcel de Martutene pidiendo la liberación de Ortega Lara. Nos acompañaban Ana Iríbar, viuda de Gregorio Ordóñez y su hermana Consuelo. Era una pancarta muy grande. Ni gente había para sostenerla del miedo que circulaba por aquel sitio. Yo ni siquiera había conocido aún al amor de mi vida. Tenía pocos motivos para tener miedo.

 

Hoy todo aquello ha pasado y todavía hay gente  - mucha gente- que no se mojó, que no estuvo allí, que no tiene ni puta idea de lo que era aquello, el acojono, el ir por la calle esperando el tiro en la nuca, el dar al contacto del coche esperando no oír ni el estallido… y esa gente, sigue sacando a relucir el asunto etarra para sacar provecho de él. Los miserias son igual en todos los sitios: en la función pública, en la política, en la empresa… hasta en la literatura hay imbéciles que no distinguen un complemento directo de un sujeto, un adjetivo de un adverbio y pretenden sentar doctrina y hasta ir de ilustrados empujados por la ignorancia y la envidia. En todos los terrenos se dan los trepas y los aprovechateguis.

Cuando Etxabe y Urrutia criticaron la muerte del niño Fabio Moreno y la desmembración de Irene Villa se organizó una gran movida en el mundo etarra

Todo aquello pasó y algunos políticos – bastantes- se aprovechan de la brecha que abrieron en la banda Isidro Etxabe y Jon Urrutia. Ellos fueron los primeros que criticaron los atentados indiscriminados, aquellos que defendían quienes propugnaban entonces la “socialización del sufrimiento” – si sufrimos nosotros que sufran todos- y hoy andan sacando pecho como hombres de paz. #mecagoentoloquesemenea.

Cuando Etxabe y Urrutia criticaron la muerte del niño Fabio Moreno y la desmembración de Irene Villa se organizó una gran movida en el mundo etarra. Hubo un grupo importante de presos que se situaron junto a Isidro y Jon – me acuerdo de todos, también de los que se pusieron de perfil acojonados, también de los farsantes-  la banda terrorista presionó potentemente para que “los del colectivo” les hicieran el vacío. Yo andaba como alma en pena dándome a mí mismo por muerto y hasta el uso del matrimonio me resultaba difícil – con aquel pibón  que era mi pareja entonces y que se alejaba sin remedio porque la guardia civil ponían el Nissan Patrol en la puerta cuando yo venía a verla. Como Pantaleón y las visitadoras, pero al revés. Magnifica mujer a la que le deseo que todo le haya ido bien-.

 

Aguantamos el tirón. Antonio Asunción siempre me cubrió la espalda y la Policía y la Guardia Civil no permitió que me “dieran carrete” que es como ellos llamaban al tiro por la espalda, algo que intentaron incluso en mi puerta, patinando estrepitosamente en la “ekintza” gracias a mi perro Gumersindo, pero eso es materia para otra novela de mayor calidad que la que escriben los lebreles ladradores y envidiosos.

A Isidro Etxabe y a su familia, a Jon Urrutia y a la suya, los presionaron hasta la extenuación. Contaré algo que no he dicho nunca  y que se jodan los afectados porque opino como mi gran amigo Juan Alberto Belloch: si no dices lo que piensas con sesenta años…  ¿a cuándo vas a esperar?

A Isidro y a Jon los etiquetaron como traidores y no he visto que nadie les haya quitado la etiqueta

A finales de abril de 1992, andábamos en alerta máxima porque los etarras planeaban atentados para desguazar la Expo de Sevilla y la Olimpiada de Barcelona. Yo estaba en Naclares y la que creía el amor de mi vida  - hasta que la he conocido de verdad ahora- había ido a verme. Iba con mi coche blindado y mi escolta  a comprarme una camisa a Vitoria porque estaba hasta los cojones del encierro carcelario, sin medalla, ni jamón, ni caja de tercios de Alhambra ni hostias. Bajando la cuesta de la cárcel veo subir a dos abogados batasunos y le digo al policía conductor: se acabó la compra, dé la vuelta. Mi pareja entonces  - no el amor de mi vida que yo creía y que es ahora- coge un rebote de cuidado y le digo: cariño, por favor, esto no es una broma. Se piró y estuve en plan monje trapense  dos o tres meses. Ni medalla ni hostias.

Lo cuento porque  ha prescrito y, si no ha prescrito, no me importa ir a la cárcel visto lo que hay en la calle y teniendo el vis a vis quincenal asegurado. Entran los dos abogados – no diré el nombre pero me parece estar viéndoles la cara a ambos-y  me coloco en el cuchitril que había preparado para grabar. ¿Me la juego, no me la juego, me busco la ruina, no me la busco? Me la juego. ¡Bingo! Un abogado  - defensor en teoría o con ese título entraban a ver a los presos a la cárcel- amenaza a Isidro Etxabe: ¡Ni por el forro de los cojones te vamos a permitir romper la organización! Todo el mundo decía que los abogados eran  correveidiles de la banda. Abogados de ETA en el sentido de defensores de presos de la banda o abogados integrados en la misma.  Yo lo demostré. Llevé la cinta a Antonio y él - político arriesgado- la filtró. El recorte de prensa me lo ha enviado un periodista catalán. Otra vez en el disparadero y el amor de mi vida – el que creía entonces, no el de ahora que es el bueno-  desaparecido quién sabe dónde. Sin medalla, sin padre ni madre ni perro que me ladrara. Arrumbado en aquel monte, rodeado por el río Zadorra y con la mitad del País Vasco, más uno, persiguiéndome. #mecagoentoloquesemenea.

A Isidro y a Jon los etiquetaron como traidores y no he visto que nadie les haya quitado la etiqueta, cuando conozco a otros - algún día diré sus nombres, aunque sea desde la cárcel- que siguen sacando pecho y van de hombres de paz y de líderes del proceso y no han hecho ni el huevo para que las carnicerías etarras acabaran.

Bildu y el PNV silenciaron el libro #deprisionesputasypistolas. No dijeron nada de él porque no les interesaba que se conociera. Ni una entrevista, ni una referencia. Un par de menciones en medios vascos solo para decir que el que hacía la dispersión  - yo- ya no era partidario de la misma. Unos quedan como hombres de paz, como los que han propiciado el fin de la actividad terrorista y otros quedan como traidores. Ellos siguen con su ventanilla abierta y su mangoneo en el asunto ¿Y quieren que yo crea en la política?

A mí, vender doscientos libros de las prisiones, las putas y las pistolas en Euskadi o no venderlos  me da exactamente igual porque la mitad del beneficio se lo va a llevar Montero – la buena,  la de Hacienda, no la del postureo feminista, la impulsora de leyes inútiles-. Lo que no me da igual es el olvido al que han sometido a dos hombres que sí dieron la cara en su momento, ante una banda que no se andaba con tonterías, diciendo alto y claro que el pegar tiros ya no era una actitud que solucionara nada.

ETA dejó de matar y todavía las derechas agitan su fantasma cada día para sacar no sé qué réditos. Aún sigue el miedo y la coacción en Euskadi, la división social entre nacionalistas vascos y españolistas. Aún siguen allí quienes deben andar con la cabeza gacha y como escondidos. Eso es inadmisible en una democracia. Algo parecido, hoy, pasa en Cataluña. Hay que seguir defendiendo el pensamiento libre.  

Manuel Avilés