| 21 de Septiembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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A ver si me aclaro con el lio jurídico

Cuando se dice sí ¿Cómo se demuestra? ¿Cómo queda constancia de ello? ¿Hay que exigir algún documento para que el consentimiento sea fehaciente? ¿Es la palabra de uno contra la de otro?

| Manuel Avilés Edición Alicante

Permítanme una vez más, una batalla ilustrativa de abuelo cebolleta. Recién llegado a Alicante, hace mil años, allá por el Neolítico, a la antigua cárcel de Benalúa, había un presidente de la Audiencia Provincial que desprendía “auctoritas”: Don Rafael Gómez-Escolar. Presidía este señor un juicio y el acusado, un gitano histérico, que intentaba simular ataques epilépticos,  de cuyo nombre me acuerdo perfectamente pero no diré, intentado explicarse, afirmó ante el Tribunal que presidía don Rafael: “cuando estábamos haciendo el amor…”. El presidente le cortó en seco diciendo: lo que usted hacía no era el amor, era violar.  

Estaba vigente entonces – nos lo explicaban Garrido, Juanjo Díez, Boix, don Rafael Bañón…- el código penal del 73, creo recordar, franquista, por tanto, y ya se encontraba perfectamente tipificado como delito el tener acceso carnal con una mujer sin su consentimiento. Tipificado y condenado, creo recordar también, con pena de reclusión menor que iba desde doce años y un día hasta veinte años. La vieja cárcel de Benalúa estaba poblada en gran medida de violadores: unos que asaltaban mujeres o parejas de novios en los pinares del Castillo, una banda que asaltó a una pareja en un descampado de Aspe, uno que violó a una chica cuando la bajaba en coche desde el aeroclub que ahora es la Universidad de Alicante y unos cuantos más de cuyos nombres y apellidos me acuerdo porque la memoria, por ahora, me funciona de puta madre. 

¿Qué quiero decir con esto? Que tener una relación sexual con una mujer – la relación entre hombres se consideraba una desviación y hasta en las oposiciones se estudiaba como tal. Luego el código Belloch mejoró esa tipificación y no quiero ir de sabio porque solo puedo ir de analfabeto-, acceder carnalmente a una mujer a la fuerza, emborrachándola, amenazándola, etc… ya estaba considerado delito y condenado. La señora Montero, por tanto, experta propagandista, con mentalidad faraónica, en tanto que deseosa de pasar a la posteridad por sus gestas en el gobierno, no ha inventado la pólvora. 

Parto de una base: todo el que viola a una mujer, el que la viola solo o en manada, con navaja o con destornillador, el que le pega, el que la esclaviza… a la cárcel sin paliativos. No hay negociación ni excusa posible. Eso es una cosa y otra iniciar una caza omnímoda en la que el hombre, por principio, parece culpable de entrada. Intentaré explicarme antes de que me salten al pescuezo todas las fuerzas femeninas porque yo soy feminista también. Tengo hija, nietas, hermanas, madre…mil sobrinas, mil amigas y no quiero que nunca sean agredidas ni sojuzgadas ni machacadas por nadie. 

Leo en la prensa de hoy: Ley Orgánica de garantía integral de libertad sexual. ¿No había libertad sexual hasta hoy? Leo una afirmación sumamente grave porque sin ser ninguna lumbrera jurídica, sin ser Rodríguez Devesa ni Cuello Calón, cuarenta años en la cárcel me dan un cierto bagaje a la hora de discernir algunas cosas. Afirma la señora Montero: “Ninguna mujer va a tener que demostrar que ha habido violencia o intimidación en una agresión para que esta sea reconocida como tal”. Leo prácticamente lo mismo en otro periódico serio – panfletos fascistas no leo por higiene-.  

Estoy esperando -pura curiosidad de un anciano, un jubilado inservible de esos que dice Lagarde que vivimos demasiado, que quiere seguir con las neuronas engrasadas y funcionando- a que esta ley se publique en el BOE para leerla entera y despacito a ver si soy capaz de resolver la multitud de dudas que me asaltan o si estos legisladores sobrevenidos son capaces de tipificarlas bien. 

Totalmente de acuerdo con que solo sí es sí. No me gusta, no me apetece, tengo dudas, estoy nerviosa, estoy mareada, tengo miedo, estoy temblando… eso no es sí. Solo sí es sí, es una verdad de Perogrullo. Esa ley a los vejestorios no nos pilla porque, dada nuestra condición física, no nos basta con que una mujer nos diga sí. Necesitamos colaboración expresa, directa y efectiva porque no estamos como para tirar cohetes y nuestros gatillazos superan con mucho a nuestros triunfos. Bromas macabras aparte me siguen asaltando las dudas. Esto no es una broma.  

¿Puede alguna vez una mujer mentir – aun inconscientemente- cuando dijo sí y luego afirma que dijo no?

Cuando se dice sí ¿Cómo se demuestra? ¿Cómo queda constancia de ello? ¿Hay que exigir algún documento para que el consentimiento sea fehaciente? ¿Volvemos a la palabra de uno contra la de otro? ¿Puede alguna vez una mujer mentir – aun inconscientemente- cuando dijo sí y luego afirma que dijo no? ¿A lo largo de toda la relación, sea la que sea, hay que insistir en la pregunta? Circulan multitud de chistes por internet con esta cuestión, aunque el asunto no es para bromas. ¿Puede haber en este terreno mentiras propiciadas por intereses espurios? Leo en otro medio que una menor en Valencia denunció una agresión sexual y, con un hombre en la cárcel por la denuncia, se retractó y reconoce que se lo inventó porque llegaba una hora tarde a casa. Muy fuerte. Y un tío en la cárcel.  

Mi amiga Laura, cartagenera, mujer inteligente, culta y enciclopédica – parece que haya hecho criminología en lugar de historia del arte-, tiene una afirmación en sus publicaciones que quiero traer aquí: “No hay ningún delito que se haya erradicado a lo largo de la historia a través de una legislación. Ni con la hoguera, ni con la horca, ni con el garrote vil, ni con la pena de muerte”. 

La afirmación de Montero “ninguna mujer tendrá que demostrar” es sumamente peligrosa y hasta puede vulnerar lo que siempre se ha llamado y está consagrado en todo Estado de Derecho como “principio de legalidad”. Todo aquel que acusa tiene que demostrar aquello de lo que está acusando. Uno es inocente y para que sea declarado culpable hay que demostrar la acusación. En ningún estado de derecho está permitido invertir la carga de la prueba. ¡Joder! ¡Mecagoentoloquesemenea!  

 

He visto muchas veces argumentos de tribunales que afirman: este tipo de conductas se suelen dar en la intimidad por lo que la palabra de la víctima suele ser a veces la única prueba. Hay que ser muy cuidadoso con esto porque, siendo toda mujer un ser digno, valioso, jurídicamente protegible, que a lo largo de la historia ha sido preterida y tratada injustamente – vean los jerarcas eclesiales, todos hombres. Vean las musulmanas tapadas hasta los ojos y con el moro fresquito y en pantalón corto andando tres metros por delante y no he visto a ninguna directora general de Montero quejarse ni a Boti García proponer una manifestación en Mesopotamia a la que yo asistiría en la primera fila-. 

La mujer es digna valiosa y protegible exactamente igual que el hombre y no podemos entrar en la ley del péndulo empujados por movimientos oportunistas y publicitarios que, en definitiva, pueden caer en la misma injusticia contra la que predican.  

Un amigo médico, cirujano con manos divinas me manda un chiste que incluso puede no serlo: “Ministerio de Igualdad. Dícese de un carísimo laboratorio, donde se crean problemas inexistentes para ofrecer soluciones equivocadas a cuestiones por completo innecesarias. De su presupuesto viven infinidad de seres, serás y seros celestiales”. Se han pasado con el chiste, ahora bien. El Ministerio de Igualdad no puede dedicarse a generar desigualdad. La Igualdad es para todos y ahí estamos incluidos los hombres.   

Estoy ansioso por ver esta ley en el BOE y organizar una comida con mis amigos – la mayoría mujeres- del Coro del Colegio de Abogados de Alicante para leerla despacito y comentarla.