| 22 de Septiembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez y Pere Aragonés en el Palacio de la Moncloa / Ricardo Rubio / Europa Press
Pedro Sánchez y Pere Aragonés en el Palacio de la Moncloa / Ricardo Rubio / Europa Press

Se acaba mi capacidad de asombro

En caso de que seas catalán y tengas doce o catorce diputados que sostienen al presidente, puedes pedir reunión entre iguales, entre los gobiernos de cada sitio como si estuvieran a la par

| Manuel Avilés Edición Alicante

Cada día que pasa mi capacidad de asombrarme es superada por los acontecimientos. Es acojonante el morro que maneja la gente en general y los políticos de toda laya en particular.

El principio de igualdad – todos somos iguales, el estado atiende, el bienestar es para todos y cuidamos de todos como de nosotros mismos, además de otras monsergas electorales- solo es una frase bonita, un engañabobos para que nos creamos que efectivamente es así cuando no hay nada más lejos de la realidad.

¿No me crees? Intenta acceder a la administración. Intenta pedir una cita con el psiquiatra, ahora que todo el mundo habla del caos que la pandemia ha sembrado en las cabezas; intenta que te vea el internista o acceder a las oficinas del paro, ahora que ya casi no hay porque con los fondos europeos se va a solucionar; intenta entrar en la oficina que te dé la gana del Ministerio o la Conselleria que sea: sin cita previa no vas ni a la misa del domingo. No sé si hay alguien dentro, trabajando, o tele trabajan en casa o andan de baja o de vacaciones, pero no atienden ni Dios. En todos los sitios te proponen  - de una propuesta indecente se trata- que entres a todo por internet, con firma electrónica y con no sé qué cojones electrónico también.

¿Se creen que todos somos ingenieros informáticos? Aquí, cada uno ha estudiado lo suyo y algunos no han podido estudiar nada y otros no hemos llegado a tiempo de ser primos hermanos de Bill Gates. ¿Tan difícil es acercar esa administración que pregonan al servicio de los ciudadanos, a esos que son su razón de ser?

Un atracador de bancos condenado, un homicida condenado, un pederasta pillado in fraganti y condenado, un traficante de drogas o de influencias, un practicante del cohecho forrado a base de comisiones…..- ponga usted aquí el delito que quiera con condena firme-, se le ocurre el día de Nochebuena a las once de la noche poner un Habeas Corpus  - “La vía es corpus” es el último que yo vi-, y le fastidia la cena al Juez de Guardia porque tiene que abandonar los langostinos y el pollo en pepitoria, e ir a resolverlo en el acto.

Tú, que eres un pringao, que has trabajado cuarenta años, intentas presentar un escrito diciendo que no hay derecho. Escribes diciendo que no te entra en la cabeza que alguna lumbrera se sacara un porcentaje de incremento de la pensión para las mujeres que hubieran tenido dos hijos o más. Preguntas qué pasa: ¿Algo habré tenido yo que ver en que mi mujer tenga tres hijos? ¿Algo de trabajo, de dinero, de conflictos y de jaleos habré puesto yo en su crecimiento y educación? En fin, redactas tu escrito y lo llevas a que lo registren y le den curso. No se puede. Hay que pedir cita previa para poder pedir. Sin cita previa no entra ni Dios, ni el espíritu santo en forma de paloma por la ventana porque va el guardia civil de la puerta – él no tiene la culpa, es un mandado- y le dice al espíritu que sin cita previa no entra. ¡Viva la administración que acoge y cuida a sus administrados! Ahora bien, ya verás como tan pronto estén cerca las elecciones comienza la propaganda, los mítines fervorosos, las declaraciones de amor público y nos hacen ver de nuevo que somos la niña de sus ojos.

Eso sí, en el caso de que seas catalán y tengas doce o catorce diputados que sostienen al presidente,  puedes pedir una reunión entre iguales, entre los gobiernos de cada sitio como si estuvieran a la par. La organizan rápidamente a bombo y platillo, con fanfarrias, cámaras y talonarios prestos. Sabemos el guion de la cumbre: queremos hablar de amnistía y referéndum de autodeterminación – eso mismo me decía Kubati en la pestosa enfermería de la cárcel de Burgos en el invierno del 93, exactamente eso-. Ya sabemos la respuesta, después de mucho marear la perdiz y perder tiempo y dinero: no se puede porque la Constitución lo prohíbe y son imposibles las amnistía a gogó y la determinación por parcelas. La soberanía reside en el pueblo en su conjunto y no en cada autonomía por mucho pedigrí que diga tener. A propósito: ¿Cuánta pasta queréis esta vez para estar un tiempo calladitos? Ojo que esta reunión tiene nivel. Hasta Iceta ha sido recuperado para rediseñar España. Yo soy muy poco patriota pero un Estado es un complicado ente político, económico, administrativo, cultural…, que no puede estar siendo puesto en cuestión cada treinta años.

Espero, con base en el principio de tratar a todos por igual, una cumbre del gobierno de Madrid con el gobierno extremeño para hablar del AVE; otra con el gobierno asturiano también para hablar del AVE, que para hacer ciento cincuenta kilómetros entre León y Gijón se tardan tres horas. Estoy esperando una entre el gobierno de Madrid y el de Valencia – con tropa de peluqueros atenta para hacer frente a las necesidades capilares de los reunidos- para ver de quién es la competencia sobre el submundo urbanístico y habitacional de la División Azul, un territorio comanche ruinoso y con leyes paralelas. Esto es vertebrar el país y lo demás son gaitas.

Aprendan los abuelitos de la bandera y el silbato, y déjense de plataformas de no sé qué cosa y de  pensiones: el gobierno solo cede pasta y lo que haga falta cuando hay votos que lo sostienen. Por eso se reúne con los catalanes y no con los extremeños, los asturianos y los de la Plaza de la División Azul.

Para terminar con la capacidad de asombro y espanto pongo un telediario y veo que, tantos muertos, tanto dinero y tantas bombas, aviones, misiles, espías y la leche en pasta durante décadas, no han servido para nada.

Una manifestación incontable – no se puede contar porque es un plano estudiado a propósito- de mujeres vestidas de negro y totalmente tapadas. Pueden ser burkas, nikab o hiyab, me da igual el nombre. No se le ve la cara a ninguna porque todas van ocultas de pies a cabeza. Se manifiestan en favor del gobierno talibán. Nunca he visto a nadie manifestarse a favor de su propia esclavitud. Manipuladas hasta las cejas afirman –  han recurrido a profesoras y alumnas de las escuelas coránicas, algo así como las manifestaciones sindicales cuando Franco- que apoyan el emirato islámico y rechazan la democracia, que están contra de la educación de hombres y mujeres juntos y de otras influencias occidentales.

 

No creo que occidente, ni oriente, ni el sur ni el norte, estén en posesión de la verdad, pero sí que el derecho a la igualdad es un derecho absoluto e indiscutible y que estas mujeres vestidas de negro integral y que se manifiestan contra sí mismas, están manipuladas desde el minuto cero y, eso que llaman su cultura y su religión, no es sino una losa impuesta y ¿aceptada?, que me recuerda a “El miedo a la libertad” de Eric Fromm. Esta gente, manipulada y acojonada, con su miedo a la libertad encuentran una extraña y forzosa paz en la dulzura del obedecer.

Otra vez, asqueado de unos y otros, encuentro la dulzura no en el obedecer sino en la buena literatura, en una obra maestra magníficamente escrita. Vic Echegoyen es una mujer hispano – húngara. Interprete y traductora de Inglés, Alemán, Ruso, Húngaro, Portugués, Francés… y a pesar de eso con un dominio del español y un vocabulario rico hasta decir basta. He tenido el placer de entrevistarla en Onda literaria y no puedo desaprovechar la oportunidad de recomendar su novela, si es que algún despistado aún no la conoce. “Resurrecta”. 1755. Tiembla Lisboa.

Echegoyen es una escritora milimétrica. Da fe hasta del último detalle con precisión notarial. Leyendo su novela parece que ella estaba allí, observando desde alguna atalaya, el terremoto que destruyó Lisboa ese año. Su documentación es tan  exhaustiva que, por momentos, pensamos que nos engaña en la edad y vivió el terremoto en primera persona. Con minuciosidad de cirujana vascular, con nombre y apellidos, con el cargo que ocupaban y el domicilio y las condiciones en que vivían, retrata a cada víctima de aquel desastre natural – creo que el mayor que ha tenido lugar en Europa hasta ahora-. Describe con precisión fotográfica las caras de terror del rey, de los ministros, del patriarca o del arzobispo, de los mendigos, las putas, los soldados o los capitanes de barcos azotados por los maremotos que siguieron a la catástrofe.  Este es un libro de historia, porque todos los nombres son reales. Quien quiera conocer intensa y extensamente que pasó y cómo quedó arrasada una de las grandes ciudades de aquella época ya puede correr a la librería más cercana y hacerse con Resurrecta.