05 de Mayo de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Imágen de una de las cámaras de seguridad del Monte Tossal de Alicante, donde se produjo la agresión

Yo, el fascista

Hoy fascistas somos todos aquellos que no seguimos su doctrinal discurso integrista, o nos apartamos del único credo podemita que otorga el marchamo de auténtico demócrata

La deriva que está cogiendo nuestro país, además de mala, es muy fea. Parece mentira que dependiendo a quien vaya dirigido el dardo indiscriminado, se le califique de fascista o de comunista por quienes no tienen ni pajolera idea de lo que esas palabras significan, o, peor aún que la ignorancia es la perfidia de haber convertido dos ideologías del siglo XX, ya muy superadas, en calificación odiosa, despectiva, y descalificadora para vivir juntos en democracia, desde planteamientos no coincidentes, cuando no claramente opuestos, pero siempre bajo la "senda constitucional" de 1978. Ahora el otro ya no es el adversario político, sino el enemigo a sangre y fuego.

Antes de ayer una banda de teenagers canallas apaleó a un hombre, al parecer homosexual, en las inmediaciones ajardinadas del monte Tossal, insultando a sus acompañantes que pudieron huir antes de que fueran cazados por la manada lobezna. Recordé a Kubrick cuando en "La naranja mecánica" reflexiona sobre un suceso muy similar, aunque dándole a semejante crueldad entre adolescente y juvenil (la delgada línea que marca el Código Penal), el toque escénico y musical que imprimía este director de Manhattan obsesionado por la violencia juvenil, o sea humana.

Todos los partidos políticos de Alicante lo condenaron al unísono con muy precisas palabras de encendida repulsa, pero la oposición de izquierdas echó la culpa del grave incidente bravucón y cobarde (13 contra uno), injusta y descaradamente, al bipartito del PP y Cs en el gobierno municipal, acusándolos ideológicamente de homófobos y adversos al colectivo LGTBI; como si en el PP y en Ciudadanos no hubiera gays, unos más declarados que otras, incluso en los propios consistorios; mientras que calificaba a la agresora pandilla de indocumentados machongos muy cercanos a la discapacidad intelectual, poco menos que de cachorros de la abyecta derecha alicantina, que al estilo de los camisas negras o de juventudes hitlerianas, replicaran escarmientos públicos para demostrarse en puridad de sangre y sexo.

La palabra, reconvertida en palabro-palabrota: "fascista" volvió a ventosear por los pasillos consistoriales, fáctica y con la mala hiel de un cabreadísimo "hijo/a de puta", o "me cago en tus muertos picados".

Claro que hoy, "fascistas" somos todos/as aquellos que no seguimos su doctrinal discurso integrista, o nos apartamos del único credo podemita que otorga el marchamo de auténtico demócrata, como antes el dócil y cumplidor cristiano de cuatro dedos o, si te desviabas del dogma de la retorcida Inquisición, preso indefinido cuando no carne chamuscada en la hoguera.

Vengo en el libro "La lucha por la democracia en Alicante", del añorado Enrique Cerdán Tato, cuando fui detenido, y me dieron un repaso los de la policía social franquista, por armar en la universidad la Asociación de Estudiantes Democráticos, y en nada han cambiado mis convicciones generalistas, salvo en que ahora hay partidos donde elegir, mientras que entonces o eras comunista según qué rama desde euro a maoísta, o simpatizante activista demócrata en el Club de Amigos de la Unesco.

Pero ahora va y resulta que soy un "puto fascista" según estos "negs" de acomodada vida noctívaga a costa de unos padres consentidores, que no los echan de casa y a mesa puesta, paga semanal, libérrimo horario, etc. ni con agua caliente. Esos mismos, que después de placentera existencia redescubriendo el Mediterráneo, nos acusan de apestados, corruptos y desviacionistas.

Nadie ha querido pronunciarse sobre la procedencia de los MENA (menor extranjero no acompañado), por aquello de lo políticamente correcto, que algunos de los que le propinaron el palizón al homosexual, son chavales que saltaron el charco desde África para, en lugar de la básica, correcta educación y urbanidad occidental redactadas en nuestras Constituciones, optaron por imitar lo peor del salvajismo pandillero, homófobo, cerril y prepotentemente cruel.

"Contra Franco vivíamos mejor" como dijo Vázquez Montalbán, que contra estos torquemadas

Eso sí, se ha de culpabilizado a Vox, y al PP en menor medida, de ser los responsables criadores de semejantes bestias, cuándo y, por cierto, estos indocumentados no tienen ni pajolera idea de qué van los partidos políticos en España, si es que acaso saben qué es un partido político, y menos sus ideologías.

Penas de cárcel y correccional caigan sobre estos muchachos desalmados, pero la utilización política del asunto creo que paradójicamente a quien más debería preocupar es a Mónica Oltra (Compromís) porque de su Conselleria depende el centro desde el que se fugaron las alimañas para perpetrar tal somanta de palos "al maricón éste" (sic).

Me decía ayer un amigo de la panda cafetera cotidiana, que como algún podemita o similar imitador (en referencia a Jaime Albero alcalde de San Juan) le llame "fascista", le va a espetar (literal): "me cago en los cuernos de todos tus deudos y me limpio el culo con la partitura estalinista del archipiélago Gulag". Lo contuve y acabamos tranquilos el café, pero me volví a casa pensando que mala cara para el perro, cuando "fascista" se ha convertido en el sonsonete escupitajo y trending topic de una izquierda ignorante e incapaz de mirar en Wikipedia lo que significó una de las más funestas ideologías social-populistas de entreguerras, quizás porque añoren el guerracivilismo de cacerías y apaleamientos de quienes no pensamos como ellos.

"Contra Franco vivíamos mejor" como dijo Vázquez Montalbán, que contra estos torquemadas. "Yo soy rebelde (fascista) porque el mundo me ha hecho así/ porque nadie me ha tratado con amor/ porque nadie me ha querido nunca oír..." ¿o me canto otra?