| 11 de Octubre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Cartel de la película 'Que vienen los rusos'
Cartel de la película 'Que vienen los rusos'

Que vienen los rusos

Debería meditar Pedro Sánchez cuando España entra en los cálculos de la KGB como el país más débil de la vieja Europa

| Pedro Nuño de la Rosa Edición Alicante

El titular de este artículo lo he tomado de una desternillante película en la que un submarino ruso encalla frente a un pueblecito de la costa americana, estando ambas potencias militares en plena "guerra fría". Los soviéticos piden ayuda, pero los naturales, como parecía lógico en época de tanta tensión prebélica, se la niegan suponiendo que acababa de empezar poco menos que la tercera guerra mundial. Al final, como en cualquier comedia, todos se hacen amigos y los rusos, una vez reparada su nave, zarpan escoltados por las pequeñas embarcaciones americanas.

A lo que parece y cuenta periódico tan solvente como el New York Times, el líder independentista Carles Puigdemont anda en tratos con los rusos, no olvidemos que Putin procede de la KGB, para desestabilizar la Unión Europea ("divide y vencerás") aprovechando los artificiales conflictos de las minorías ultranacionalistas, sobre todo aquellas de insistente confrontación subversiva contra sus Gobiernos centrales. Este avejentado y verborreico "ye-yé", intenta dar por saco disgregante al Estado español, un día sí y otro también, desde que se escapó cobarde e insolidariamente a la gran vidorra de Bruselas gratis total, mientras sus compañeros de intento fallido de Golpe de Estado inconcluso acaban enchiquerados (aunque no por mucho tiempo comparativo: causa-efecto), y los acólitos más "señeros" de la banda Serrallonga intentaban reventar las calles catalanas para conseguir una supuesta república independiente sin mayor fundamento y solidez ante el universo-mundo que aquella ebria y accidentada votación en su parlamento autonómico target Juan Palomo.

¿Debería preocuparnos pues, la información del rotativo neoyorquino? Para empezar, era algo que ya se conocía en los mentideros políticos y empresariales, a través del CNI, obviamente sin ningún reflejo oficial para evitar resonancias y desprestigio en Europa donde no se consiente llegar tan lejos, como han demostrado los franceses y alemanes, incluyendo ejecuciones tan sumarísimas como aparentemente secretas. En cualquier caso, aquí no es preciso llegar tan lejos porque las embestidas indepes se están rompiendo los cuernos contra el burladero donde se refugia un Pedro Sánchez miedoso que no se atreve a meter el cacho ni el estoque.

 

Pero sí nos preocupan los discípulos del independentismo catalino, dado que y como se ha demostrado con un mordaz y satírico (como todos hace ya más de un siglo) ninot fallero donde aparece el flautista Puigdemont con los roedores caricaturizados en los más relevantes separatistas, que ha sido, como contaba este diario, tonta aunque duramente criticado por los más "insignes" adoradores y adoratrices de Països Catalans, demostrándonos una piel muy fina, cuando antes no fueron nada sensibles a los simpáticos pero no menos provocativos escarnios a los reyes de España, Rajoy, Rita Barberá, Pablo Iglesias o cualquier otro político público que se le cruzara por la imaginación al artista fallero. Y es que, entre la Cataluña de la vuelta de Tarradellas al presente, ha habido un giro copernicano desde el nacionalismo al independentismo, gracias a una machacona comedura de coco desde los medios de comunicación serviles a ellos, pero pagados por todos los españoles, y esencialmente en la escuela con principal incidencia hacia los que los puristas catalanes siempre llamaron despectivamente "charnegos".

Las embestidas indepes se están rompiendo los cuernos contra el burladero donde se refugia un Pedro Sánchez miedoso que no se atreve a meter el cacho ni el estoque

Como marcan todavía muchos edificios de Valencia: "hasta aquí llegó el agua" en trágico testimonio de la desastrosa riada de 1957. Algo así debería meditar Pedro Sánchez cuando España entra en los cálculos de la KGB como el país más débil de la vieja Europa por donde subvertirla minando a la Unión Europea competidora en todos los ámbitos frente a otras grandes mundiales como Estados Unidos, China y, por supuesto la madre Rusia, cuyos zares, presidentes del Soviet, o de una democracia imperfecta y muy relativa, siempre desconfiaron de la Europa histórica más adelantada y competitiva.

Cuidado con este torpedo de los servicios secretos rusos, porque The New York Times, no es traidor a Occidente por mucho que se empeñen los independentistas pro Països Catalans, y como dice su famosísimo lema: "All the News That's Fit to Print". Hágaselo mirar (tal dicen los catalanes) señor Presidente, o cuando menos: leer, no vayamos a quedar como los más tontos del continente.