| 17 de Mayo de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Margarita Robles, ministra de Defensa / Foto:  A. Pérez Meca / Europa Press
Margarita Robles, ministra de Defensa / Foto: A. Pérez Meca / Europa Press

Situaciones demoníacas. Margarita Robles

Los espías son necesarios en un mundo donde prima el poder, la agresión y el subirse a la chepa del otro. Solo el que conoce puede estar prevenido y reaccionar a tiempo de evitar catástrofes

| Manuel Avilés Edición Alicante

Los israelíes, desde que entraron en Palestina hace más de cuatro mil años, guiados por Moisés – que no pudo entrar, castigado por Dios y murió a las puertas, en la actual Jordania- han sido un pueblo con varias conciencias importantes: conciencia de ser el pueblo elegido por Dios y cuna de las tres grandes religiones monoteístas, cosa que se entiende muy bien si uno se aleja de los viajes borreguiles a Punta Cana y se va solo a Cisjordania y visita Hebrón, donde dicen que están enterrados los patriarcas de estas religiones, Abraham, Isaac y Jacob. Visita la tumba si lo dejan entrar los aguerridos judíos que la vigilan con ametralladoras y tanquetas y vive unos días, enterándose, de la que se traen árabes y judíos en esos secanos.

Los judíos, que dicen que esa tierra se la dio Dios a ellos, tuvieron problemas con los Palestinos – léase Filisteos en la Biblia- desde el minuto uno: ellos iban a tomar posesión de la tierra que Dios decía que les daba – nadie ha conseguido demostrar ese Dios ni sus mensajes generosos para unos y opresores para los contrarios, por algo el pueblo elegido eran solo los judíos-, o sea ellos eran invasores entonces, y los invadidos se defendían. Algo parecido, salvando las distancias siderales, a los rusos invadiendo Ucrania aunque no hayan hecho mención a ningún Dios que regale Mariúpol, Járkov ni Crimea.

Los judíos llevan siglos en guerra permanente: los ninivitas, los asirios, los egipcios, los babilonios, los romanos. Desde Tiglapfileser a Teglapfalasar, desde Nabucodonosor hasta Tiberio, desde los otomanos hasta los cruzados… ¿Hay alguien que no haya invadido a los judíos? ¿Hay alguien, desde los Reyes Católicos hasta los pogromos rusos o los genocidios nazis, que no haya perseguido, expulsado y matado a los judíos? Lo de ser el pueblo escogido por Dios ha generado una deriva histórica, una endogamia y una conciencia de grupo inamovible y digna de estudio.

Tanta guerra y tanta defensa contra los agresores del pueblo de Dios – la Biblia afirma que Dios está con ellos y les ayudará a pisar la cabeza de sus enemigos- les ha hecho un pueblo militarizado, con un gran desarrollo armamentístico y con unas potentes redes de espionaje por aquello de que la información es poder.

Una firma israelí de seguridad – son unos fenómenos en ese terreno- vende el sistema Pegasus, un programa informático que entra en los teléfonos móviles siguiendo el método del despiste y silenciosamente, y se entera de todo lo que contiene el teléfono en cuestión. Se cuela en todos los sitios y accede a todos los datos, lee los mensajes y activa, si quiere, la cámara y el micrófono. Este sistema fantástico – yo no soy culpable de nada dado mi analfabetismo informático, pregúntenle a Cecilia P. que intentó hacerme una entrevista por Instagram y no sabía ni conectarme- dicen quienes entienden, saltó a la luz y fue esencial para el asesinato del periodista saudí Jamal Kashogui. Los espías son necesarios en un mundo en que prima el poder, la agresión y el subirse a la chepa del otro porque solo el que conoce puede estar prevenido y reaccionar a tiempo de evitar catástrofes. Homo homini lupus, que decía Hobbes. Por eso hay espías.

¿Qué tiene que hacer un gobierno y un estado cuando alguien vulnera la Constitución, declara la independencia, las vías públicas y realiza desórdenes públicos, o cuando tiene relaciones con políticos de un país que está invadiendo Ucrania?

 

Pues a cuenta del Pegasus se ha montado un follón de tres pares porque los señores de Esquerra Republicana, los que montaron con Puigdemont  y otros cuantos el gran lío en Cataluña, aquellas declaraciones de república  - ojo que a mí la república me gusta pero votada por todos-, los que se quieren tratar con España como si fueran un estado independiente y no una autonomía más dentro del estado… esos dicen que con el sistema Pegasus los han espiado y quieren saberlo todo. Quién, cómo, cuándo y cuánto.

Como, en teoría, los que llevan el asunto del espionaje son los militares, o sea, los del CNI, se han tirado al cuello de Margarita Robles directamente y piden su dimisión a la voz de ya. Los potentes esquerras y sus colegas, sostén de Sánchez en la Moncloa – ningún inconveniente, que eso es la política, aguantar en la cama a compañeros que uno jamás desearía- han montado en cólera. Mucho más cuando Margarita Robles se ha fajado con ellos en el Congreso. ¿Qué tiene que hacer un gobierno y un estado cuando alguien vulnera la Constitución, cuando alguien declara la independencia, cuando alguien corta las vías públicas y realiza desórdenes públicos, cuando alguien tiene relaciones con dirigentes políticos de un país que está invadiendo Ucrania?

Ahora piden su cabeza de manera desatada. ¡Bien por Margarita Robles! La conozco, he trabajado con ella y es un modelo de seriedad, honestidad, dedicación y buen hacer. Lo mejorcito del gobierno de Sánchez junto con Calviño y con Montero, la andaluza de Hacienda – aunque me haya tocado pagar una pasta en la declaración- no la otra, que es perfectamente prescindible como lo son Iceta, Garzón, Belarra y alguno más.

Ahora, con este lío del Pegasus, para vengarse, los Rufianes y compañía han puesto en práctica aquello de joder al gobierno jodiendo a la ciudadanía y se han hecho compañeros de cama de populares, ultras y demás fauna. ¡Tiene cojones! Si por ellos hubiera sido, los 20 céntimos que nos devuelven por litro al llenar el depósito se habrían ido a hacer puñetas. ¡Me gustan cómo me cuidan y cómo pelean por mí, los parlamentarios que dicen preocuparse tanto por nuestro bienestar! ¡Ha tenido que venir Bildu a salvarnos! ¡Lo que hay que ver y lo que nos quedará! Este país está pidiendo a gritos una reforma de la ley electoral para evitar esos partidos bisagra que con menos de un millón de votos deciden como si fueran los sátrapas.

Sigue la bronca con la comisión de secretos oficiales y ahí está la cuestión demoníaca. Me he manifestado muchas veces con que, si en los noventa les decíamos a los etarras que dejaran de pegar tiros y defendieran lo que quisiesen en las instituciones, ahora no podemos decir que los amigos de ETA o sus descendientes están en el congreso. Tienen que estar ahí en lugar de andar echados al monte. Una cosa es el Congreso y otra aquellos lugares en los que se tratan los asuntos más delicados. No parecen dispuestos ni en condiciones para tratar el control de gastos reservados, la información clasificada que conocen los servicios de inteligencia y demás sótanos del estado creados en la ley 11/95 de once de mayo, veintisiete años va a hacer en unos días. Usted esté en el parlamento, pero dado el comportamiento que manifiesta continuamente, no estará en esta comisión. Ya sé que eso es una cuestión peliaguda, demoníaca, porque si están, mal. Y si no están, también mal. ¿Cómo arreglamos ese desaguisado? Yo no lo sé para eso están los políticos cobrando bien y con tantas canonjías y privilegios.