| 24 de Junio de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Una marea de rosas blancas recorrió las calles de Valencia en homenaje a Cristina
Una marea de rosas blancas recorrió las calles de Valencia en homenaje a Cristina

Violencia contra las mujeres: la pandemia en la sombra

El dinero como objetivo es recurrente en un gran número de delitos, pero la crueldad demostrada apunta al machismo más visceral

| Mónica Nombela Edición Alicante

En estos días ha saltado la noticia del asesinato de una conocida empresaria de Valencia, llamada Cristina Blanch, que fue atacada con arma blanca, según parece por su pareja, un abogado y profesor universitario de Derecho y Criminología. El tal Alberto en su perfil de elabogado.com aparece como especialista en Derecho de Familia, Laboral y Penal, pero no dice que estaba arruinado, como ha descubierto la policía. Leo en los medios que se ha declarado autor de los hechos y que está en prisión incomunicada y sin fianza, pues al parecer trató de montar una coartada, en la que se lesionó y le salió el tiro por la culata. La víctima recibió una treintena de cuchilladas con dos o tres armas diferentes, y doy por hecho que tal número de ataques implican ensañamiento con la víctima, es decir, que el crimen se cometió con la concurrencia de, al menos, esta circunstancia agravante de la responsabilidad criminal, según relatan los distintos medios. Algo atroz, como tantos otros crímenes, que en este caso choca más aún si cabe de lo que nos repugnan por lo general estos sucesos luctuosos, por la formación y posición socio-económica de las personas implicadas. En cualquier cabeza normal no cabe este tipo de hechos, pero ya ven que las mentes de algunos están más que perturbadas, pues no hay nada que pueda justificar la comisión de un hecho así.

Al parecer, la fallecida, una mujer de éxito, iba a recibir una herencia que podría haber estado codiciando su pareja, a fin de solventar sus problemas económicos. Ya tenemos argumento para una novela negra de las causan furor ahora. El dinero como objetivo es recurrente en un gran número de delitos, pero la crueldad demostrada apunta al machismo más visceral, el de “o eres mía, o no serás de nadie”. Los delitos hablan por sí solos.

Se suele pensar que este tipo de crímenes se dan en estratos sociales bajos, en personas de escasa preparación, y no pocas veces echamos la culpa de ellos a los inmigrantes. Por tanto, el perfil que creemos atribuible al autor de un hecho de estas características sería el de un inmigrante analfabeto, en nuestras cabezas a menudo demasiado simplistas. Por otra parte, es cierto que en muchas ocasiones estos crímenes sí los cometen extranjeros, y que existe una cierta tendencia al buenismo, de lo más absurdo, que consiste en no querer dar a conocer este tipo de dato –lo hemos visto en ocasiones, en violaciones en pandilla perpetradas por mostrencos, en las que si habían intervenido extranjeros este dato ha sido silenciado. Y es que las barreras invisibles de lo políticamente correcto condicionan con demasiada frecuencia el enfoque de la información que recibe el público.

Para demasiadas mujeres en el mundo su casa, la que debería ser su refugio, no es un lugar seguro

 

En este caso estamos ante un hecho de los que nos hacen cuestionarnos demasiadas cosas. Que alguien con formación cometa un crimen así significa que los estudios superiores no son herramienta  suficiente para combatir el machismo y la violencia contra las mujeres. Estos crímenes se dan en todo tipo de grupos sociales, independientemente del origen, estudios y capacidad económica de los agresores, e incluso en los países teóricamente más avanzados. Y, para combatirlos, necesitamos lograr un cambio de mentalidad a nivel mundial, lo que me temo que va a requerir al menos una generación para lograrlo.

 

La Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka, hizo el año pasado una declaración, titulada “Violencia contra las mujeres: la pandemia en la sombra”, en la que dijo lo siguiente con respecto a la violencia sobre las mujeres en tiempos de pandemia:  “A medida que los países informan sobre la infección y el confinamiento, cada vez son más las líneas de atención y los refugios para la violencia doméstica de todo el mundo que notifican un incremento de llamadas en busca de ayuda”. Para demasiadas mujeres en el mundo su casa, la que debería ser su refugio, no es un lugar seguro. Lo malo es que para esta pandemia del machismo y la violencia sobre las mujeres me temo que no existen aún vacunas conocidas, ni siquiera en fase de ensayo, e incluso hay algunos que, de manera ciertamente irresponsable, niegan o trivializan la existencia misma de esta realidad. Solo a través del cambio de mentalidad y del aprendizaje de otras maneras de relacionarse entre hombres y mujeres podremos superar esta lacra, por fin. DEP, Cristina Blanch.

Mónica Nombela Olmo

​Abogada y escritora