| 17 de Enero de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, con el secretario del PSOE-A, Juan Espadas, este fin de semana.
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, con el secretario del PSOE-A, Juan Espadas, este fin de semana.

El PSOE andaluz se entrega a Sánchez y no se separa ni de Bildu ni de los ERES

El Congreso regional del PSOE en Torremolinos se deja atrás hablar del pasado y de la corrupción. Espadas forma una cúpula afín, pero integra a los que fueron defensores de Susana Díaz.

Pedro Sánchez ha sido el encargado  de clausurar el Congreso regional que han celebrado los socialistas andaluces este fin de semana en Torremolinos Su intervención ha sido todo un despliegue de sanchismo genuino, en la que ha denunciado la corrupción del PP sin pudor, en un momento en el que en Andalucía se suceden los señalamientos de juicios en el caso más grave ocurrido en España, los expedientes de regulación de empleo (ERE), que ya se ha saldado con la condena de dos expresidentes.

Pedro Sánchez y Susana Díaz saludándose en el Congreso regional de Torremolinos.

A Sánchez lo que diga la justicia parece importarle poco y se atreve a presumir de la gestión de la pandemia, asegurando que él salvó 450.000 vidas con los Estados de Alarma, que han sido declarados inconstitucionales. Una cifra que va variando el presidente del Gobierno, ya que hace unos meses hablaba en el Congreso de 50.000 menos, porque aún se desconoce el número de fallecidos por coronavirus en España, pero él sí sabe a cuantos ha salvado.

Espadas bajo la tutela de Sánchez

Más allá de la clave nacional, el secretario del PSOE-A, Juan Espadas, ha aceptado la tutela total de Sánchez, y eso es jugar con fuego: supone aceptar su estrategia de entenderse antes con Bildu o los Gobiernos vasco y catalán que con la Junta de Andalucía. Y asumir que, en materia de financiación, los andaluces van a ser castigados para que le salgan las cuentas con los nacionalistas.

Y luego ya viene la letra pequeña. Aunque Sánchez da por enterrado al susanismo y, efectivamente, Susana Díaz se han “rendido” tras su derrota, buscando asiento en Madrid en el Senado y en tertulias en televisión, sus fieles aún rezan en la parroquia socialista andaluza.

El nuevo PSOE-A de Espadas es sanchista, es muy sevillano porque 19 de los 60 miembros de la Ejecutiva regional son de la capital andaluza, y es bastante susanista porque ha integrado a los secretarios generales de Sevilla, Córdoba y Málaga, férreos defensores de Díaz.

El PSOE-A renovado que veta hablar de corrupción

El congreso en la Costa del Sol del PSOE-A ha servido para otorgar cargos y establecer una cúpula de dirección similar a la de Sánchez en el Gobierno. Renovación de caras, pero todas miran a otro lado y el veto se impone si se habla de corrupción. Ni una palabra a 37 años de gobierno en la Junta y a cientos de millones de fondos públicos desviados. Espadas no se atreve a disculparse ni a marcar distancias y es que él mismo era consejero de la Junta de Andalucía con los presidentes Chaves y Griñán.

 

El resultado de todo ello es que tenemos al mismo perro de siempre con un collar distinto. Eso sí, un perro de tamaño excesivo: ampliar una Ejecutiva a 60 personas para que quepa todo el mundo es la mejor manera de que muchos anden cabreados y nadie contento del todo.

Y aceptar la doble intervención de Sánchez y del pasado de los ERES, un error estratégico que deja a Espadas muy condicionado. Aunque sea él quien hable de futuro, será complicado no ver detrás, o delante, a Sánchez, Chaves, Griñán y, hasta Susana, juntos.