| 22 de Octubre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

× Home España Medios Tribunales Opinión Estilo Chismógrafo Deportes Tecnología Tvcine Economía M. Ambiente ESdiario TV Mundo C. Valenciana Andalucía
Iñaki Urdangarin y la Infanta Cristina.
Iñaki Urdangarin y la Infanta Cristina.

Pilar Eyre pone el dedo en la llaga del matrimonio de Doña Cristina y Urdangarin

El cuñado del Rey ya disfruta del tercer grado junto a su madre y hermanos en Vitoria y sin embargo hay algo que ha generado las dudas de la periodista especializada en Casa Real.

| M. F. Chismógrafo

De un tiempo a esta parte todas las novedades en la vida carcelaria de Iñaki Urdangarin están generando muchos titulares e interés mediático, aunque la vacunación de su esposa y su cuñada vino quitarle a él algo de presión informativa.

El caso es que ya en Vitoria junto a su madre y hermanos, la periodista especializada en Casa Real Pilar Eyre aprovecha su blog de Lecturas para hacerse algunas preguntas en voz alta.

A su juicio la actitud de la Infanta Cristina es digna de estudio porque al recibir su marido el tercer grado y la posibilidad de rehacer de forma parcial su hogar lo normal hubiera sido que su esposa estuviera anhelando algo así desde hace al menos tres años.

Y sin embargo, recalca, Urdangarin en lugar de reunirse con sus hijos y con la Infanta, cuyo puesto de trabajo puede trasladarse perfectamente a España, lo ha hecho con su madre en Vitoria, ciudad en la que no había vivido nunca.... y lejos de su mujer y sus hijos.

A Eyre le sorprende que sabiendo que este escenario estaba previsto desde hacía meses no se hubiera alquilado un piso en Madrid o Barcelona, "donde la niña podría acudir al Liceo Francés, los otros hijos reunirse con ellos cuando quisieran (Pablo vive en casa de unos amigos) y la Infanta realizaría su trabajo de forma telemática, como está haciendo ahora en Ginebra".

La periodista considera como mínimo difícil de entender una situación así: que se haya logrado la semilibertad de Urdangarin y que su mujer siga viviendo a mil kilómetros como si no hubiera cambiado nada, por mucho que de vez en cuando visite a su marido.