| 08 de Diciembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Apoyar a Rocío Carrasco no significa tener que apoyar a Ana María Aldón sin pruebas.
Apoyar a Rocío Carrasco no significa tener que apoyar a Ana María Aldón sin pruebas.

Ana María Aldón no es Rocío Carrasco: aún quedan muchos capítulos por escribir

Estar ahora al lado de la hija de Rocío Jurado ahora es fácil. Lo complicado es estar al lado en determinados momentos de otras personas implicadas. Ahora le ha tocado a Gloria Camila.

| Isabel Rábago Chismógrafo

No, Ana María Aldón no es Rocío Carrasco. Ni el estar al lado de la Carrasco implica que debas estar, cual dogma de fe, al lado de la Aldón. A mí los pensamientos monolíticos nunca me han gustado. Y lo que estoy viendo en los últimos tiempos me recuerda a lo que ya hicimos todos en su momento con la Carrasco, cargar las tintas y señalar constantemente a una culpable, sin que, de momento, exista prueba alguna en su contra, Gloria Camila Ortega Mohedano.

Y yo esa lección ya la aprendí, tras conocer a Rocío Carrasco, hace algo menos de cuatro años, si la memoria no me falla. La conocí en casa de Terelu, fue generosa conmigo ya que sabía que yo llevaba muchos años trabajando con Antonio David, que le defendía en los platós y que creía su versión, y me permitió preguntar todo lo que quise. Yo preguntaba, callaba y escuchaba. Eso sí, Rocío, jamás me relató el episodio de su hija, ni el porqué del distanciamiento con sus hijos, ahí se callaba con la mirada perdida. Tampoco me contó cuando intentó quitarse la vida.

De lo primero me enteré por lo publicado por un periodista, Nacho Gay, y por lo segundo me enteré como toda España, en la emisión en directo de la docuserie, y por cierto me sentí muy mal. El episodio de su hija fue la gota que colmó el vaso y me di cuenta de que David nos había mentido a todos y a partir de ese momento, cuestioné todo lo que contaba, principalmente porque jamás aportó prueba alguna.

Conocer aquella tarde a Rocío y a Fidel, me hizo plantearme el papel de la prensa durante todo ese tiempo. A partir de ese momento y con casi toda la información, comencé a buscar lo que me permitió ir corroborando su testimonio. Eso sí, siempre he respetado su presunción de inocencia respecto al tema del maltrato pues no existe sentencia alguna que lo inculpe o condene y en eso he sido muy clara y reiterativa, desde el primer día.

Rocío tiene muchas cosas buenas, pero lo mejor es que te respeta y a pesar de contarte su historia no te impone que la creas, no te impone lo que tienes que decir, quien me conoce sabe que eso conmigo es tiempo perdido. Te pide que contrastes lo que ella cuenta y que luego seas tú misma la que saque las conclusiones para poder defender, si quieres, aquello en lo que crees. Jamás te pide lealtad en un plató, ni te pide que la defiendas. Es más, lo pasa mal cuando alguien te ataca cuando se han acabado los argumentos y te espeta eso de que "hablas porque te lo ha contado tu amiga".

Defender a Rocío Carrasco ahora es fácil, pero antes no soplaba el viento a favor

Por cierto, yo con Rocío no he ido ni a comer, ni a cenar, ni he compartido viajes, ni exclusivas con ella, pero creo en todo lo que me ha demostrado hasta hoy. Conocer la verdad de Rocío hizo que comenzara a defender su historia mucho tiempo antes de que la Carrasco, decidiera contar su versión, y, por cierto, los platós eran duros, muy duros, contra los pocos que dábamos información sobre ella. Y es que antes no soplaba el viento a favor, aunque parece que se les ha olvidado a muchos. Entonces te señalaban, te intentaban quitar credibilidad porque "eres amiga", con la misma estrategia que se sigue practicando ahora cuando sigues defendiendo la información de otros.

Estar ahora al lado de Rocío es fácil, es lo más fácil. Lo complicado es estar al lado en determinados momentos de otras personas implicadas en esta historia. Ahora parece que si defiendes a Gloria y no a Ana María, estás traicionando a Carrasco o que no eres empática o que no has entendido nada, cuando resulta que la que lo ha entendido hace mucho más tiempo que los que te lo echan en cara, he sido yo. Esas acusaciones sin sentido me hacen sonreír.

Yo no pienso cometer el mismo error con Gloria, no la pienso llevar al paredón sobre todo porque yo defiendo aquello que se me demuestra, no soy vocera de nadie, ni voy en contra de otros para ganar puntos o demostrar que soy más "amiga" que otros. Yo no soy así. Parece que a muchos se les olvida que la Carrasco es la primera que saca de esta historia a su hermana, a pesar de no entender algunos de sus movimientos, pero los respeta.

Rocío no te impone con quien debes o no hablar, ni viceversa. Y el hecho de que Ana haya decidido esbozar, que no demostrar de momento nada de lo que cuenta, no es óbice para que te pongas porque sí a su lado. Yo me pondré a su lado si lleva razón, pero si no lo veo claro, no lo haré. Y en esta historia, ni los tiempos, ni determinadas actitudes me terminan de cuadrar.

Ana María Aldón se recuperó para dar una entrevista millonaria

Sólo una cosa más, la Carrasco se sentó en un plató cuando ya estaba reconstruida, nunca ha vetado preguntas, ni temas, se ha sentado y ha dado nombres y apellidos, ha detallado situaciones, ha sido valiente y nunca ha pedido que la creas con los ojos cerrados, solo ha pedido ser escuchada. Si una persona no está bien, lo mejor es que su entorno la aleje de los platós de televisión porque la televisión no es la terapia de grupo más indicada para curarte de una enfermedad.

Si estás bien para dar una entrevista millonaria en la que insinúas lo suficiente como para que toda España lea entre líneas, y señale sin pudor a otra mujer, debes de ser consciente que al día siguiente se te va a preguntar por aquello que tú misma has dicho. Nuestro trabajo no es fácil. Sí es fácil matar al mensajero, pero eso va en nuestro sueldo y al final a algunos el tiempo casi siempre nos da la razón. Por eso y por muchas cosas más digo que, Ana María Aldón no es Rocío Carrasco, ni sus historias tienen absolutamente nada que ver. Ni apoyar a la Carrasco implica apoyar a la Aldón. Básicamente porque la historia de Ana María no ha hecho nada más que comenzar y aún quedan muchos, muchos capítulos por escribir.