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Vivienda: la vergonzosa brecha entre los modelos austriaco y español

Mientras Austria ha apostado por la vivienda como un servicio público esencial, España ha permitido que el mercado inmobiliario se convierta en un catalizador de desigualdad

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez interviene en el acto de entrega de llaves de viviendas de alquiler asequible.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez interviene en el acto de entrega de llaves de viviendas de alquiler asequible.Francisco J.Olmo

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Mientras España se ahoga en un mercado de alquiler desbocado, donde los precios y las prácticas abusivas se han convertido en una pesadilla cotidiana para miles de ciudadanos, el modelo austriaco de vivienda pública se alza como un ejemplo paradigmático de política social efectiva. El caso de Austria ha irrumpido en el debate público español sobre la solución al encarecimiento de la vivienda, especialmente al heredar aquí el legado de años de gobiernos del PSOE cuando allí ha sido su partido homónimo el que inició la solución que ahora se admira. Ocho años, aquí, sin hincarle el diente al problema. Pero ¿de qué se trata cuando se habla de la “solución austriaca”?

Austria ha logrado no solo asegurar una vivienda digna a precios asequibles para una parte significativa de su población, sino también contener la especulación inmobiliaria. El éxito se fundamenta en décadas de inversión pública sostenida y una planificación urbana que concibe la vivienda como un derecho, no como un mero activo especulativo. El sistema de "vivienda social" (Sozialwohnbau) es la columna vertebral de esta estrategia, gestionado mayoritariamente por cooperativas y entidades públicas, o privadas sin ánimo de lucro, pero con un férreo respaldo y regulación estatal.

¿Cuál es el secreto de su eficacia? El Estado austriaco destina recursos significativos y estables a la construcción y mantenimiento de este parque de viviendas que actualmente alcanza el 60% de la oferta. Esta inversión se complementa con fondos de impuestos específicos, ayudas sociales y las propias aportaciones de las cooperativas, asegurando una estabilidad que el mercado libre rara vez ofrece. Los alquileres en la vivienda pública austriaca se sitúan muy por debajo de los precios del mercado libre. Se calculan en función de los costos de construcción y mantenimiento, permitiendo una rentabilidad moderada para las gestoras, pero siempre bajo estrictos límites públicos.

Este "efecto ancla" ejerce una presión a la baja sobre los precios del mercado libre, especialmente en el mercado privado de inversión. Lejos de los estereotipos, la vivienda social austriaca se caracteriza por su alta calidad y su integración en barrios diversos, dotados de excelentes infraestructuras y zonas verdes. La oferta se diversifica para atender distintas necesidades y niveles de ingresos, evitando la segregación. El tipo de propiedad de la vivienda pública, que se mantiene mayoritariamente en manos de entidades públicas o sin ánimo de lucro, garantiza su carácter social a largo plazo limitando la especulación.

En contraposición, España ha seguido una senda marcada por la primacía del mercado libre, donde la vivienda ha sido tratada predominantemente como un producto de inversión. Las consecuencias son evidentes: los alquileres en las principales ciudades españolas han alcanzado niveles insostenibles, expulsando a jóvenes y familias de sus barrios y dificultando el acceso a un hogar digno. La especulación y la escasez de oferta asequible han disparado los precios de forma alarmante.

El déficit crónico de vivienda pública en España es un problema grave; la inversión en vivienda social ha sido históricamente insuficiente y discontinua. El parque de vivienda pública es exiguo en comparación con la media europea, y muchas de las viviendas existentes han sido privatizadas o no se han construido con la ambición necesaria. Las medidas para controlar los precios del alquiler han sido limitadas y a menudo ineficaces frente a la dinámica del mercado.

La casi total dependencia del mercado privado deja a los ciudadanos a merced de las fluctuaciones de precios, de cláusulas contractuales a menudo desfavorables, generando una gran vulnerabilidad,

La actual Ley de Vivienda intenta corregir esta situación, pero su impacto real y su capacidad para emular modelos exitosos como el austriaco aún están por ver, enfrentando además desafíos de implementación. La casi total dependencia del mercado privado deja a los ciudadanos a merced de las fluctuaciones de precios, de cláusulas contractuales a menudo desfavorables, generando una gran vulnerabilidad, y de la “voracidad” sin límite de los fondos inmobiliarios extranjeros

La brecha entre el modelo austriaco y el español es un reflejo de prioridades políticas distintas. Mientras Austria ha apostado por la vivienda como un servicio público esencial, España ha permitido que el mercado inmobiliario se convierta en un catalizador de desigualdad. El éxito austriaco se basa en una voluntad política férrea y una inversión pública sostenida. No se trata de eliminar el mercado privado, sino de complementarlo y regularlo indirectamente para evitar los excesos y garantizar el derecho a la vivienda.

Es imperativo un compromiso público firme con un modelo de vivienda pública robusto y a gran escala, con financiación garantizada y una gestión orientada al bien común. El aumento de oferta de vivienda pública es imperativo, y urgente, teniendo en cuenta que el plazo de construcción es un ciclo completo de tres o cuatro años. Sabiendo que solo así se podrá empezar a contrarrestar la especulación, ofrecer alternativas viables a la ciudadanía y construir una sociedad donde el acceso a un hogar sea un derecho efectivo y no un privilegio.  

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