| 27 de Octubre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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La jugada de la polémica con el fuera de juego de Mbappé, que no se señaló como tal.
La jugada de la polémica con el fuera de juego de Mbappé, que no se señaló como tal.

Entre todos lo mataron y él solito se murió

Un Reglamento cambiante a cada día: nadie sabe ya lo que es mano y lo que no lo es, y desde el domingo tampoco sabemos qué es fuera de juego y qué no.

| Miguel Queipo Deportes

El enésimo escándalo arbitral propiciado por el VAR, ese instrumento del fútbol que venía destinado a hacer el deporte más justo, tuvo lugar en el Meazza, en el España-Francia, con ese fuera de juego de Mbappé no señalado en la jugada decisiva del partido para vergüenza de los aficionados. Pero al menos esa situación deja al descubierto la tremenda mentira que es el fútbol moderno, el del videoarbitraje y de eso que los sesudos analistas llaman “industria del fútbol” y que no es más que un movimiento similar al del cambio climático, la electrificación, el veganismo, el feminismo radical o cualquiera de estas chorradas ideológicas impuestas por la Agenda 2030. Un movimiento meramente económico para que cuatro listos se forren a costa de los demás.

Ya he dicho en numerosas ocasiones, aquí y en otros foros, que el fútbol no tiene que ser “más justo”, la frase de cabecera del argumentario VARítono. El fútbol, como todos los deportes, lo que tiene que ser es más divertido. Y en esta agenda 2030 para el fútbol, iniciada hace ya unos cuantos años, lo que se ha provocado es la estampida de los aficionados hacia otros lugares porque lo han convertido, con perdón, en un coñazo que no hay quien lo entienda: las gradas medio vacías pese a la apertura postpandémica lo deja bien claro. El aficionado, conviene recordar, tiene el fútbol como pasatiempo, y cuando tu hobbie es un galimatías, y encima te cuesta un pastizal, te cambias a otro.

El fútbol se convirtió en un deporte de masas por tres factores, fundamentalmente: el primero, porque es un juego y, como tal, tiene una dosis de imprevisibilidad que lo hace un entretenimiento bellísimo. Segundo, porque su Reglamento se basaba en diecisiete normas muy sencillas que lo hacían cercano al público. Y tercero, por el sentimiento de unidad hacia el equipo de tu entorno y de rivalidad por proximidad. Si a eso se le añadía que era un entretenimiento barato, un pasatiempo para el pueblo, el caldo de cultivo perfecto para el crecimiento del deporte estaba servido.

Pero llegó el Siglo XXI, y todo eso ha saltado por los aires. En cuanto algunos se dieron cuenta de que podían vivir económicamente muy bien a base del fútbol. Primero los agentes y representantes. Después, las televisiones. Luego, patronales, sindicatos… Así hasta el momento actual. Un momento en el que las Gradas de Animación revenden entradas facilitadas gratuitamente por los clubes; las peñas y Federaciones de Peñas montan agencias de viajes para los desplazamientos a los partidos fuera de casa.

Una era en la que algunos clubes guardan un cupo de entradas por partido para ponerlas a disposición de los touroperadores y por tanto a turistas y no a aficionados, en que se inventan los palcos VIP para que mientras los socios se torran sin poder beber más que agua por la normativa COVID, sus invitados se inflan a cubatas y aceitunas rellenas. La década en la que los periodistas (aquellos cuya misión es fiscalizar a los que detentan el poder) acuden cobrando a televisiones propiedad de los clubes e imparten clases en las Universidades controladas por las entidades deportivas, o en la que las productoras imponen el VAR para cobrar por la realización de la señal.

Todo eso con su correspondiente aderezo. Fútbol para turistas y no para aficionados, porque ellos sí se pueden permitir pagar precios desorbitados por las entradas. Unos abonos televisivo más caros que un jamón de bellota. Un Reglamento cambiante a cada día: nadie sabe ya lo que es mano y lo que no lo es, ya no existe el valor doble de los goles en campo contrario (verán la risa de fútbol tostón a partir de los cruces de Champions), desde el domingo tampoco sabemos qué es fuera de juego y qué no.

Y para colmo el VAR falla más que un árbitro, porque antes si un colegiado erraba en tu contra, le recusabas y no le volvías a ver. Ahora, ¿a quién reclamas, si el VAR es infalible, tal y como nos vendieron?… El timo de la estampita alrededor de un deporte que era eso, un deporte y además sumamente divertido, y que ha tomado el camino incorrecto, el de la imposición de normas absurdas para que un nuevo chiringuito, llamado industria del fútbol, viva a costa de unos aficionados que huyen en masa. Entre todos lo mataron y él solito se murió.