| 18 de Enero de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Fernando Alonso, durante la carrera
Fernando Alonso, durante la carrera

La magia de Alonso cimenta el sorprendente triunfo de Ocon

El piloto asturiano aguantó de maravilla a Hamilton y propició que su compañero lograra la primera victoria de su carrera. Vettel y el británico completaron el podio

| Miguel Queipo Deportes

Ganó un Alpine un GP de Fórmula 1, pero no fue el de Fernando Alonso, sino el de Esteban Ocon, su compañero. En una carrera, la de Hungría, marcada por el doble accidente en la primera curva de la salida, que dejó fuera de combate a cinco monoplazas y dejó al hasta ahora líder del Mundial. Verstappen, con su Red Bull hecho unos zorros, Ocon aprovechó un error estratégico de bulto de Mercedes en la resalida para ganar con todo merecimiento el primer gran premio de su carrera deportiva, seguido de Vettel y Hamilton y con Sainz, cuarto, y Alonso, quinto, peleando en la zona delantera. El asturiano estuvo sensacional frenando la remontada del heptacampeón del mundo y su magia cimentó la victoria de su compañero.

Esas vueltas codo a codo con Hamilton, con el británico a punto de lanzar al mercado una nueva serie de camisetas reivindicativas porque Fernando peleaba como gato panza arriba y el Mercedes era incapaz de superar a un Alpine guiado por las mágicas manos del asturiano, son el mejor ejemplo de lo que es la Fórmula 1 cuando hay talento y no dinero al volante de los monoplazas. El bólido de Lewis era más de tres segundos por vuelta más rápido que el del español, pero Alonso cambiaba las trazadas, se subía por las paredes, estiraba las frenadas a límites insostenibles por la física… mientras Hamilton sólo lloriqueaba por la radio, incapaz de superarle. Una pasada de frenada de Alonso permitió al de Mercedes el adelantamiento, pero ya era tarde para que el británico ganara la carrera: esas vueltas frenando todas sus intentonas fueron vitales para que otro Alpine, del Ocon, ganara la carrera.

Para que eso sucediera, tuvieron que producirse varias carambolas. La primera de ellas, doble, en la primera curva de la carrera, que se inició sobre mojado: Bottas, que salió horrible, se pasó de frenada, se estampó contra Norris y éste rebotó contra Verstappen y Pérez. Todos menos el neerlandés fuera de carrera. Mientras, Stroll se olvidó de que además de acelerar en los coches también se frena y en la misma curva decidió empotrarse contra un Leclerc que no sabía qué era lo que había mandado su Ferrari al desguace. Cinco coches KO en seiscientos metros de carrera y bandera roja.

En la resalida se produjo uno de esos errores cómicos: en la vuelta de formación se demostró que la pista de Hungaroring ya estaba seca y todos entraron en boxes a cambiar gomas de mojado por las de seco… menos Hamilton. Las cosas de Toto Wolff, dicen que es un genio pero su cabeza está más pendiente ya de otras cosas que de gestionar el equipo Mercedes como debería. Lewis fue el único coche en salir desde parrilla, pero tuvo que entrar a cambiar gomas en el primer paso por meta y salió último. Por allí andaba Verstappen, con un coche hecho de remiendos: superglue por aquí, cinta de helicóptero por allá… El hasta ahora líder del Mundial demasiado hizo con llevar su coche a meta en los puntos. Hamilton pudo remontar pero Alonso fue el muro que le impidió la victoria.

Mientras, Ocon tuvo un Gran Premio sencillo: siempre en aire limpio, Vettel apenas le puso en apuros y un poco más atrás, un asturiano con manos de mago le ponía la victoria en bandeja. Lástima que no sirviera para que Carlos Sainz pudiera llevar su Ferrari al podio, pero el bólido rojo con gomas duras es inconducible: el cuarto puesto en cualquier caso es una buena recompensa tras su accidente en la clasificación. Más aún si acabas justo por delate de ese genio asturiano del coche azul.