| 21 de Septiembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Verstappen arrasa y Sainz y Alonso ponen el espectáculo

El neerlandés se impone en el Gran Premio de Austria y presenta su clara candidatura para hacerse con el título mundial, ya que Hamilton solo pudo acabar en la cuarta posición.

| Miguel Queipo Deportes

Si nada lo remedia, y no parece que las peleas entre bastidores entre Red Bull y Mercedes lo vayan a hacer, Max Verstappen se proclamará este año campeón del mundo de Fórmula 1. El neerlandés arrasó en el GP de Austria, segundo consecutivo celebrado en el circuito de Spielberg y, pese a parar en garajes una vez más que sus adversarios (al menos veinte segundos de regalo), le sacó dieciocho al segundo, Valtteri Bottas.

Lando Norris, fabuloso y piropeado en carrera por Lewis Hamilton, llevó a su McLaren a la tercera plaza, mientras que el heptacampeón, con problemas aerodinámicos en su Mercedes, fue cuarto y se descuelga en el Mundial. Sainz, quinto, y Alonso, décimo, pusieron el espectáculo en las vueltas finales y lograron puntuar.

Arrasar se parece mucho a esto y seguro que Atila estaría orgulloso de Max Verstappen. El Red Bull no es un brioso corcel de pelo gris de la estepa, como Othar, y la librea del monoplaza de Milton Keynes está adornado con exquisito gusto, pero no cabe duda de que está hecho a imagen y semejanza de su explosivo conductor. Verstappen lideró la carrera del semáforo verde al banderazo a cuadros, marcando además la vuelta rápida en carrera.

Con su pole del sábado, primer Grand Chelem del neerlandés. Todo para él, no deja ni las migajas. A la que Mercedes ha flaqueado, o más bien a la que Adrian Newey le ha encontrado los resquicios al reglamento, el monoplaza azul mate es imbatible a una vuelta, en tandas largas y cortas, en circuitos virados o rectos… Da igual. Es el gran dominador y los demás sólo pueden correr para intentar recortar las distancias.

Por detrás del intratable Verstappen, Hamilton se dejó un jirón de sus opciones al título después de sufrir problemas aerodinámicos cuando marchaba segundo: tuvo que ceder su plaza a Bottas (lástima que no supiéramos qué dijo por radio cuando le informaron de que tenía que dejar pasar a su compañero) y cedió puesto con un Norris que se convierte en la gran esperanza británica para suceder a Lewis algún día en un deporte controlado por la Prensa anglosajona. La carrera del piloto de McLaren fue sobresaliente, exprimiendo las posibilidades de su monoplaza hasta el límite.

Claro, que no se quedaron atrás las carreras de Sainz y Alonso. El madrileño salió con el compuesto más duro a la carrera y, tras la previsible mala salida, comenzó a rodar en un ritmo constante y machacón, estirando al máximo la parada. Cuando lo hizo y calzó gomas medias, rodó al mismo ritmo de Verstappen, comenzó a adelantar rivales y acabó quinto, con un adelantamiento sensacional en la última vuelta a Ricciardo, un hueso durísimo de roer con el que no podía su compañero de equipo, Leclerc, y favorecido por una doble sanción a Checo Pérez.

Mientras, Alonso se sobrepuso a una mala salida tras la peripecia a la que le condenó Vettel en entrenamientos. Rodó como un martillo pilón y a dos vueltas del final superó a Russell para sumar el último punto en disputa, cuando tras la qualy del sábado parecía imposible.

Esto no acaba. En dos semanas, tras la marea naranja de Austria (132.000 espectadores en el circuito, animando a Verstappen), toca Silverstone. El feudo de Hamilton y donde tiene su sede Mercedes. Pero allí, no tengan dudas, tiene más tirón McLaren y el nuevo ídolo de los britons, un Lando Norris que está cuajando una temporada sensacional. ¡Que rujan los motores!