| 26 de Septiembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Real Madrid 2 - Eintracht 0: El Madrid no pierde el hambre

Parece que el verano no ha existido y el equipo blanco obtiene su quinta Supercopa de Europa al ganar sin despeinarse al club de Frankfurt con goles de Alaba y Benzema.

| Miguel Queipo Deportes

El Madrid no pierde el hambre. Jugando en verano, otoño, invierno o primavera. Haciendo un fútbol preciosista o apostando por otro más efectivo pero sin fuegos artificiales. Con los jugadores que sean. Ante el rival que tenga enfrente. En la ciudad, país y continente que corresponda. Los de Ancelotti se ventilaron sin apenas apuros al Eintracht (2-0) para que los de blanco levantaran la Supercopa de Europa, el primer título del curso, con goles de Alaba y de Benzema, con Casemiro como MVP.

Quién le iba a decir al Real Madrid que, apenas un año después de lo que parecía que iba a ser una traumática salida de Sergio Ramos, iba a encontrarse con la kryptonita caneliana, por llamarlo de alguna forma. Un central austriaco con una jerarquía impecable, capaz de ensillar las celebraciones más inesperadas y de marcar cuando se le necesita. David Alaba. Una fulgurante aparición del central madridista, en el minuto 38, adelantó al Real Madrid en Helsinki, en un partido que estaba siendo muy soso salvo por un par de fogonazos de Vinicius y un par de atajadas de Courtois.

Es curioso lo de Alaba. Y lo de su dorsal, el 4. Parece que es el 7 el dorsal mítico del Real Madrid, de Amancio a Cristiano, pasando por Juanito, Butragueño, Raúl… Pero el 4 del Madrid no lo puede vestir cualquiera. Miguel Muñoz, Zárraga, Pirri, Stielike, Jankovic, Schuster, Hierro, el propio Sergio Ramos… No son nombres de ‘cualquieras’, precisamente. Y el austriaco está demostrando ser un más que digno portador.

 


Esa aparición exprés de Alaba desatascó en el primer acto un partido que se jugaba a ritmo de pretemporada y en el que las imprecisiones estaban a la orden del día. En agosto no se le puede pedir a nadie punch, presión asfixiante, despliegue físico incesante. Y menos aún con un Mundial a tres meses vista. Ir un poquito más rápido que andando ya puede considerarse un éxito, así que las arrancadas de Valverde parecían las de un dragster.

El Eintracht, que jugó a lo que sabe, refugiarse replegado e intentar salir a toda pastilla pillando a los de Ancelotti en un renuncio, abrió las hostilidades rondando el cuarto de hora, tras una pérdida veraniega de Mendy. Pero Kamada se encontró con un Courtois que empieza el curso como acabó el anterior: en jefazo, aunque ahora con el pelo teñido. Paradón del belga. Casi inmediatamente, Vinicius tuvo una ocasión extremadamente clara, a pase de Benzema, pero Tuta salvó bajo palos. A partir de ahí, el armisticio. Hasta que marcó Alaba.

El tanto le sentó fatal al Eintrach, que bien pudo irse con un par de goles más en contra al descanso, con Benzema por fin activándose. Un equipo alemán groggy, algo nunca visto. Los de Francoforte (así se llama en castellano la ciudad de Frankfurt) intentaron dar un paso adelante en el arranque de la segunda parte, pero se llevaron otro par de sustos morrocotudos en un remate de Vinicius que detuvo Trapp y en un zapatazo de Casemiro que se estrelló contra el larguero.

 


A los alemanes se les presupone el peligro, siempre, y era obvio que tenían que llegar. Más aún porque Glasner, entrenador del cuadro teutón, empezó a meter toda la leña disponible en el campo, cambios más que ofensivos para intentar remontar. Lo hizo Knauff, muy blando durante todo el partido, pero la respuesta blanca fue demoledora: gol de Benzema a pase de Vinicius, eso no va a cambiar esta temporada. Pueden ustedes cambiar orden de los factores, pero no se altera el producto: gol. El tanto, además, le sirvió a Benzema para desempatar a Raúl y convertirse en el segundo máximo goleador histórico del Real Madrid, por detrás de Cristiano.

 


El segundo gol fue definitivo, como no podía ser de otra forma. De repente, Valverde y Rodrygo, que entró por un Modric que ha arrancado la temporada al ralentí, se pusieron a combinar como si fueran Zico y Junior. Tacones, recortes, arrancadas, tuya-mía-tuya. Un escándalo y un registro desconocido en ambos. Fue un fogonazo de tres o cuatro minutos, pero los suficientes para dejar a todo el mundo con la boca abierta. A partir de ahí, el partido acabó. Ancelotti cumplió con su parte del plan, dio minutos a todos los que jugaron la final de París (incluyendo a los tres suplentes que entraron en el Stade de France) y aprovechó para hacer debutar a Rudiger y Tchouameni.

El escalafón está claro. El Madrid sigue ganando, la guardia pretoriana de Ancelotti le guarda lealtad absoluta, las incorporaciones vienen a sumar y el resto, que se apañe. Los Asensio, Lucas, Odriozola (que ni se sentó en el banquillo) y demás, lo tienen complicado. Y mientras los de blanco sigan sacando brillo a toda la plata con la que se encuentran, sigan con el mismo hambre, cualquiera dice algo.