| 06 de Febrero de 2023 Director Antonio Martín Beaumont

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Real Valladolid 0 - Real Madrid 2: La mano arriba

Un Madrid condescendiente ganó en Zorilla en los últimos diez minutos gracias a dos tantos de Benzema, el primero de ellos después de un claro penalti que no vio el árbitro, pero sí el VAR.

| Miguel Queipo Deportes

En este fútbol que hay cuando 2022 echa el cierre, sólo sé que no sé nada. Y que un deporte que se llamaba originalmente football, pelota con los pies, tiene como hecho más importante el darle al balón con la mano. La mano arriba de Javi Sánchez en un penalti no pitado, la mano arriba de Javi Sánchez en el que sí. Un postrero penalti y un remate aún más tardío, dos goles de Benzema, y el Madrid ganó al Valladolid en Zorrilla (0-2), Danza Kuduro para recuperar provisionalmente el liderato.

Mes y medio largo después, volvió LaLiga tras el parón postmundialista, y con ello regresó la matraca de siempre. Mira que el Mundial, con sus cosas, convirtió la convivencia futbolística en una balsa de aceite. Pero entre LaLiga y la RFEF parecen empeñados en conseguir que aborrezcamos el fútbol. Primero, con la esperpéntica cautelar a Lewandowski, otorgada por un Tribunal Ordinario. En Pucela, en el partido entre el Valladolid y el Real Madrid objeto de esta crónica, por una mano escandalosa de Javi Sánchez que el colegiado, Munuera Montero, y el VAR escamotearon. Apenas 24 horas antes se había pitado una similar en Vallecas, contra el Rayo y a favor del Girona.

Son esas cosas las que desangran la credibilidad de la competición doméstica. Las que consiguen que los aficionados huyan en estampida de este deporte, en otros tiempos apasionante y ahora mismo una cosa que no hay quien entienda porque cada día te encuentras normas nuevas, interpretaciones distintas… Si a eso añadimos unas retransmisiones televisivas que nadie desearía ni a su peor enemigo; precios abusivos de localidades y amenities; la estafa sideral de que el aficionado no pueda tomarse una cerveza en la grada mientras los presidentes, sus directivos y los VIP se puedan poner hasta el tapón a whisky escocés en el palco; los programas televisivos que son corralas donde sus habitantes se matan a navajazos para encontrar el grito más sonoro… Cada vez quedamos menos y a los que quedamos nos cuesta media vida seguir adelante.

 

Algo así fue el disparate del Valladolid-Real Madrid. Después del Mundial, del peor Mundial de la historia, el partido del regreso catarí del campeón liguero fue… aún peor. En Zorrilla quedó el penalti no pitado por manos de Javi Sánchez que condicionó el partido desde el inicio y el sí señalado que hizo justicia al final. Y poco más. Otra bala perdida por Ceballos para tirar la puerta abajo. Dos manos, no podía ser de otro modo, impresionantes de un Courtois que parece haber llegado del Mundial como un tiro, tras un mal inicio de curso.

Benzema en un día plomizo y gris, desperdiciando un gol cantado, casi a puerta vacía, pero marcando los dos goles del partido, gente con estrella. Vinicius alborotando todo pero sin terminar de rematar. Valverde pesado, algo que no le habíamos visto y que debería preocupar. Rodrygo y Camavinga como revulsivos, vieja receta.

No fue un buen partido del Madrid

Fue un partido de viejos vicios del Real Madrid, demasiado condescendiente, demasiado convencido de que el peso del escudo decantaría el partido a su favor, más aún porque tenía la excusa perfecta del penalti no pitado en caso de tropiezo. Y sin terminar de entender que el Madrid de siempre se rebelaba contra los malos arbitrajes: te metía cuatro goles y se acabó el debate. No hizo falta.

Apareció el VAR y corrigió el error del primer penalti no señalado para sí advertir del segundo, el del gol de Benzema, que luego adornó con el segundo con el partido aún más agonizante y el Valladolid con las manos, nunca mejor dicho, en la cara. Pero no, no fue un buen partido del Madrid. Ni siquiera fue un buen partido de fútbol. Pero es lo que hay.