| 04 de Diciembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Real Madrid 0 – 0 Osasuna: Osasuna echa el cierre

El triunfo sin brillo del Camp Nou se ha ensombrecido apenas tres días después. Hay trabajo que hacer, más aún ante defensas cerradas.

| Julen Izquierdo Deportes

Apenas tres días días después del triunfo en el Camp Nou, el Madrid no pudo pasar del empate (0-0) ante Osasuna en casa, en la vuelta de los abonados (solo 35.619 cuando antes había 60.000 según datos del propio club). Un tiro al poste por cada equipo, una primera parte absolutamente densa y una segunda parte que fue un quiero y no puedo. El Madrid sigue siendo un equipo tremendamente irregular, a quien se le atragantan los equipos que defienden ordenado, y volvió a irse sin marcar de un partido en casa esta temporada, dos consecutivos: el de los rojillos y el del Villarreal.

Las jornadas intersemanales, cuando te hacen jugar después de la hora de cenar, suelen deparar unos bodrios importantes. Y el primer tiempo del encuentro entre madridistas y rojillos fue bastante 'aburridete', tampoco hay que engañarse. Uno ya no sabe si es el fútbol habitual de este Siglo XXI, si es por culpa de la sobrecarga del calendario o si es que este deporte se ha alejado tanto de sus raíces que no lo reconoce ni la madre que lo parió, pero el encuentro discurrió bajo un encefalograma plano altamente alarmante, aunque Vinicius y Camavinga, cada uno por circunstancias diferentes, provocaron una ligera movilidad en la línea de actividad.

El primero porque fue el único que tuvo el colmillo retorcido para hincarle el diente al trabajadísimo sistema defensivo de Osasuna, una tela de araña que no se descompone casi nunca. Un par de jugadas con remates que no encontraron la red, un posible penalti reclamado tras un jugadón (a mí no me lo pareció), su movilidad siempre incordiante… Pero no tuvo compañía para incendiar la fiesta. Sin Modric, el Madrid adolece de falta de creatividad, y si encima su reemplazo es Camavinga…

Porque el francés estuvo absolutamente disperso. Casi siempre mal colocado (salvo en un cruce trascendental en una contra osasunista), errático en el pase, sin ser capaz de compenetrarse en ataque con Carvajal ni una sola vez y excesivamente acelerado. Vio una amarilla, la segunda le pasó silbando bastante cerca y en el descanso le dejó su puesto a Rodrygo porque estaba siendo más un lastre que una ayuda.

No se le puede pedir tampoco mucho más al Madrid en el primer acto. Lo intentó, pero con una falta de profundidad y de creatividad alarmante. Benzema parece empeñado en que, para que le den el título de Chef del Año (el Balón de Oro, vaya) tiene que ser el que vaya al mercado a por el producto, el que pela las patatas, el que las cocina, el que emplata, el que sirve la mesa y el que friega los platos. Y quiere hacer tantas cosas que se le olvida ser Benzema, que es lo que le ha llevado donde le ha llevado.

La segunda parte, con la entrada de Rodrygo, dibujó mejor al Madrid en el campo, aunque fue Moncayola el que tuvo la ocasión más clara. En un córner a favor de los de Ancelotti, un 'gilicórner' para ser más exactos, el Chimy Ávila pilló a la luna de Valencia a la defensa madridista. Su vertiginosa contra encontró a Moncayola solo en el segundo palo, pero su disparo se fue contra el poste derecho de Courtois, rebotó con violencia en Carvajal y se marchó a córner lamiendo el izquierdo. Eso sí que es un susto y no lo de Halloween, aunque el Madrid también tuvo su ración de madera: un zapatazo de Benzema que lamió la escuadra derecha de Sergio Herrera.

Ancelotti iba con todo, porque el Madrid, con Osasuna muy hundido, parecía pasarlo cada vez peor. Marcelo, Hazard y Lucas Vázquez ingresaron al verde para intentar en los últimos veinte minutos derribar el muro rojillo. Curiosamente, Benzema crecía entre los blancos exactamente al mismo ritmo que se desplomaban las prestaciones de Vinicius, a quien se le vienen haciendo demasiado largos los 90 minutos de un partido.

Al mismo tiempo, Rodrygo, que es lo más punzante que tiene el Madrid cuando los choques se oscurecen, apareció para intimidar pero faltaba el gol. Y el gol no llegó, por lo que el triunfo sin brillo del Camp Nou se ensombreció apenas tres días después. Hay trabajo que hacer, más aún ante defensas cerradas.