| 15 de Agosto de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Cádiz 1 - Real Madrid 1: Rodrygo paró el reloj

En un partido bravo, intenso, bonito, merengues y cadistas empataron con numerosas ocasiones para los dos equipos y con un penalti detenido brillantemente por Lunin a disparo de Negredo.

| Miguel Queipo Deportes

Hubo dos momentos, quizás tres porque hubo un solapamiento, en que el tiempo se detuvo sobre el Nuevo Mirandilla, el rebautizado estadio Ramón de Carranza de Cádiz tras una indigestión de croquetas de su corporación municipal. Fueron dos fogonazos en un partido bravo, intenso, bonito, con un Cádiz que se jugaba los bigotes y el jornal peleando por la permanencia y un Real Madrid que jamás va a ir a pasearse a ningún lado, porque su escudo y su afición no se lo perdonaría jamás.

Hablábamos de dos fogonazos en los que el tiempo se detuvo. El primero fue nada más comenzar el partido en la Tacita. Recibió el balón Rodrygo, posición de interior izquierda porque no estaba pegado a la cal. Y de repente, como pasaba con Butragueño, el reloj dejó de contar segundos. El brasileño entró en trance, como Morante a la verónica cuando quiere que hasta el sol baje a verle, muy a cámara lenta, como el gol de Butragueño al Cádiz en Copa, el 11 de febrero de 1987.

El brasileño comenzó a sortear rivales con facilidad pasmosa, con una calidad chisporroteante y efervescente, tocado por la varita mágica en este final de temporada. Tras dejar a medio Cádiz sentado, asistió y Mariano Díaz marcó a placer el 0-1. Una delicatessen para guardar en el disco duro, eso que los antiguos llamamos a veces videoteca si es para conservar imagen en movimiento.

El segundo fogonazo fue con el partido más avanzado, bastante más avanzado. Era el minuto 60. Militao, que al revés que Rodrygo lleva un par de meses por debajo del nivel mostrado el resto de la temporada, cometió un error grosero ante Lucas Pérez que permitió a Negredo plantarse en solitario ante Lunin. El ucraniano, que no viste de pastor ni lleva una tulipa rosa en la cabeza a modo de sombrero, derribó al delantero sin paliativos. Ese instante en que el defensor brasileño volvió a dejar vendido a su equipo también detuvo el tiempo, pero de los microinfartos que provocó entre su afición.

Por suerte para el Madrid, estaba Lunin. Que cuajó un partido sensacional en Cádiz, mostrando su fenomenal repertorio. Un portero alto, pero ágil, capaz de llegar abajo sin problemas, con autoridad, con jerarquía. Si algún día falta Courtois, este chico puede tener muy buena pinta con continuidad. Su paradón en el penalti sirvió para desatascar el reloj y que el cronómetro volviera a correr.

El resto del partido fue un choque repleto de tensión para los locales, con un Fali que a veces parece el nuevo Beckenbauer de la Bahía, como el histórico Carmelo. La tensión de los resultados en otros campos condicionó demasiado el juego que se veía sobre el césped. Cuando los locales se veían con la soga al cuello, acosaban. Cuando el resto de marcadores le beneficiaban, quizás contemporizaba demasiado. En cualquier caso, nunca le perdió la cara al choque y llegará con vida al último partido liguero.

Mientras, si los futbolistas detenían el tiempo, Mateu Lahoz provocaba huracanes, y eso pasó en un final de partido en el que el valenciano fue protagonista con decisiones de esas que a él le gustan, controvertidas, incluyendo un posible penalti en la última jugada del partido que según el cristal con que se mire será… o no será. Para Mateu no fue.

El Madrid, mientras, pudo experimentar, con Vallejo de lateral derecho y Lucas Vázquez en la izquierda, con además Modric, Benzema y Vinicius descansando en casa mientras disfrutaban del partido por la tele. No hubo lesionados, Hazard tuvo minutos y dejó buenas sensaciones y queda un día menos para París. Para el Liverpool. Para el partido que de verdad importa.