| 28 de Noviembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Getafe 0 – 1 Real Madrid: Militao y la falta de pegada

Con un tempranero y solitario gol de Miltao, el Real Madrid derrotó al Getafe (0-1) en el Coliseum, en un partido marcado por una cada vez más acusada falta de pegada de los de Ancelotti.

| Miguel Queipo Deportes

El equipo sigue liderando, pero su juego burbujeante y de apisonadora de antaño se ha perdido por el camino, ahora más preocupado medio equipo en el arabesco, el baile y la alegria que de marcar goles. Al menos, no encajó, y eso es un pequeño milagro.

No se habían quitado los jugadores el chándal cuando el Madrid, en su primera aproximación, provocó dos córners consecutivos. Y en el segundo, aprovechando un error tremebundo del Getafe en la marca, Militao hizo el 0-1. El primer palo lo cubría Enes Ural y Luis Milla, un delantero y un centrocampista de 1,75. El brasileño buscó el espacio en arrancada, dejó atrás a su par (Domingos Duarte) y cabeceó sin oposición.

Los de Quique no se movieron del guión, pese a todo, mientras que el Madrid tampoco. El impecable físico del equipo permite a los blancos jugar a un nivel defensivo altísimo, y además aplicar una velocidad tremenda a sus acciones atacantes, además con una precisión muy alta en casi todo. Ese ‘casi’ que falta es el remate, donde el Real Madrid es una escopeta de feria y marca más por insistencia que por calidad rematadora.

 

Además, el Madrid se ha empeñado en hacer del fútbol un circo desde la polémica aquella del bailar, la alegría de jugar y demás. Hace unos cuantos años, se puso de moda en un canal de televisión codificado el loar chorradas: un caño, una rabona, una espuela, un taco, una roulette, una elástica… Detalles técnicos que están muy bien si llevan a crear una ocasión. Pero hacer toda esa suerte de detalles técnicos sin que sirvan para nada, y encima loarlo, es como comprarte un cuchillo jamonero de 40 euros para, en vez de cortar un ibérico de bellota, recortar un parterre.

Y el Madrid se ha empeñado en los últimos partidos en que en todo lo que hace tiene que haber una chorrada. Caños, bicicletas, pases con el exterior… Como si el fútbol no fuera infinitamente más sencillo. Sólo hay tres jugadores que pese a la moda impuesta desde hace unas semanas pasan de ese tipo de membrilleces: Tchouameni, Valverde y Camavinga. Ellos son de cargar las bayonetas y no hacer prisioneros, de ir por derecho y sin mentiras. Cuando ellos intervienen, pasan cosas porque los de arriba se enfangan en decorar el salón sin tener muebles. Estarán más o menos acertados, pero te sirven el entrecot sin preocuparse de la guarnición.

El Madrid fue muy superior al Getafe en el primer tiempo, pero tan empeñado está en hacerlo bonito, en la decoración, que se le olvida que todo eso sirve para algo si hay goles. Y no los hay. Por eso el empate ante Osasuna, el sufrimiento ante el Shakhtar y no sentenciar un partido controladísimo en Getafe. Hasta que apareció en escena Luis Milla, un medio centro aseado, bien colocado, con criterio y con personalidad. Los de Quique se rearmaron entorno a él pero se encontraban enfrente a un muro infranqueable, porque Militao estuvo excepcional.

Con el VAR haciendo de las suyas (pero para bien: penalti bien ‘deseñalizado’ sobre Vinicius, gol anulado a Rodrygo), una gran parada de David Soria a Tchouameni y dos buenas intervenciones de Lunin, el Madrid era incapaz de cerrar el encuentro, siempre con la amenaza de perder un par de puntos en una jugada desafortunada. No pasaba nada sobre el verde, y eso no se sabía si era buena o mala noticia.

Fue buena. Quique, perro viejo, tiró de Seoane y Latasa, dos jugadores formados en La Fábrica, para ver si sonaba la flauta con lo de la Maldición del Ex. Pero no. Ancelotti puso a Asensio sobre el campo y el balear compareció incisivo, vertical y veloz, cosa que el ataque blanco agradeció. Pero sin que pasara nada. El Madrid gana, pero su falta de pegada comienza a ser alarmante. Menos arabescos y más marcar.

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