21 de Junio de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Hamilton y Montmeló devuelven el orden natural

El campeón del mundo consigue su 98º victoria en un Gran Premio de España dominado casi en su totalidad por Verstappen y con actuaciones más que grises de Carlos Sainz y Fernando Alonso.

| MIguel Queipo Deportes

El circuito de Montmeló alberga el GP de España de Fórmula 1 desde 1991 y es ya uno de los clásicos del calendario. Esta temporada estuvo a punto de quedarse fuera del Gran Circo y habrá que ver qué pasa con él más adelante. Pero urge que en España se encuentre una pista permanente mejor que la barcelonesa. Sus instalaciones son de primer orden, pero su trazado, tras tantas remodelaciones y tantas pruebas en él, se ha convertido en poco menos que un tío vivo: miles de vuelta y todos en las mismas posiciones porque es casi imposible superar a un rival.

No hay emoción en pista. No hay adelantamientos salvo unos pocos mal contados a final de recta. En el trazado catalán, Hamilton y su Mercedes decidieron devolver el orden natural a la Fórmula 1 y se dieron un paseo militar que le dio al británico su 98ª victoria mundialista y una sólida ventaja en el Mundial sobre Verstappen, segundo, y Bottas, tercero. Sí, influyó la estrategia, pero Hamilton podría haber ganado incluso con ruedines de bicicleta.

Todos los años sucede más o menos lo mismo. Mercedes parece que arranca las temporadas con relativos problemas, todo el mundo se cree que es el año de sus rivales (antes Ferrari, ahora Red Bull) y de repente, tocan la tuerca mágica y sus dos pilotos pueden ir conduciendo con una mano que nadie les tose. Habrá un parón de prestaciones, que curiosamente siempre coincide con las carreras estivales, con más calor, pero en septiembre volverán a engranar la directa y adiós Mundial, sin despeinarse. Son muchas las voces que aseguran que Mercedes va más entretenida en no enseñar nunca sus cartas para que su superioridad parezca que les lleva a dar lo mejor de sí mismos cuando en realidad podrían ganar el campeonato corriendo marcha atrás. Y esa sensación da.

Pero volvamos a lo visto en pista. Verstappen salió como un misil superando a Hamilton por redaños en la primera curva, y fue capaz de mantenerse ahí tras la resalida provocada por el abandono de Tsunoda, el único de toda la carrera, y tras el primer cambio de gomas, que se suponía el único de la carrera. Mercedes fue a dos, y ese movimiento estratégico, que se convirtió en el más óptimo para la prueba, arrastró al holandés y a su equipo, incapaz de poder aguantar el ritmo de las flechas negras por otra deficiente gestión desde el garaje de Christian Horner. Cedió la victoria en la vuelta 60 de las 66 de carrera, pero es que Hamilton era entre 1,5 y 2 segundos más rápido por giro, lo que le permitió esa parada extra. Y le podría haber permitido todas las que hicieran falta: la superioridad de Mercedes es aplastante.

Esa estrategia de dos paradas benefició a algunos y perjudicó a otros. Carlos Sainz tuvo una carrera gris, cosa rarísima en él: salía sexto, perdió dos posiciones en la salida al verse encerrado en las dos primeras curvas y sólo fue capaz de recuperar una de ellas en toda la carrera, peleando con Ricciardo de principio a fin. Acabó séptimo, demasiado lejos en tiempo de Leclerc, cuarto, aunque fueron a estrategias distintas.

Claro, que si gris fue la de Sainz la de Alonso fue negra. Acabó antepenúltimo pese a salir décimo. Fuera de ritmo casi toda la carrera, peleando con los Aston Martin, Alpine decidió que sus dos coches fueran a una sola parada y acabaron siendo dos tortugas sobre el asfalto. Estuvo en el límite de los puntos hasta que quedaban cinco vueltas para el final, y ahí le pasó hasta el apuntador. Su equipo le paró para montarle blandos y que hiciera la vuelta rápida pero eso es que como si te dan dos uvas y una loncha de bacon y te piden que ganes Masterchef: imposible. Próxima parada, Montecarlo. Preparen la billetera.