08 de Marzo de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez, en uno de sus viajes

Europa mira a Sánchez con la escopeta cargada: no pasará ni una con los fondos

Bruselas no hace ruido pero tiene en la mirilla a Moncloa: las advertencias a Sánchez se multiplican por su intento de gestionar los fondos europeos a su antojo.

| Javier Rodríguez Economía

 

La situación económica española y las decisiones políticas que adopta el Gobierno se han convertido en un asunto central para la Comisión Europea, según reconocen fuentes comunitarias a ESdiario: la gravedad de la crisis y el tamaño del país provocan que, a diferencia de casos similares del pasado como Grecia, Irlanda o Portugal; el impacto afecte al conjunto de la Unión.

Primero va a ser la Justicia, con el pacto "antipodemos" entre PSOE y PP, pero la economía no va a quedar al margen y, en este caso, el supervisor es Bruselas. Y va a ser tajante. Ya no es solo Joe Biden quien, con su rechazo a hablar con Pedro Sánchez pese a sus intentos, mira con recelo a Moncloa.

De ahí que los mensajes de alarma y, a la vez, de auxilio, sean constantes desde la Comisión, con la sutileza que caracteriza a las instituciones europeas: lo dicen todo con diplomacia y paciencia, pero hay que saber leer entre líneas para entender sus contundentes advertencias y un evidente hastío, siempre contenido para no romper ningún plato.

Los últimos se dieron hace apenas unas horas, al máximo nivel, y fueron bien claros: el comisario de Economía, Paolo Gentiloni rebajó el crecimiento de España previsto por el Gobierno del 7% al 5.6%, el mayor de Europa porque la destrucción del PIB ha sido la mayor.

 

Y anticipó una quiebra masiva de empresas pequeñas y medianas a sumar a las 100.000 ya cerradas en 2020. Todo lo confió a la recuperación del turismo y a un pronóstico que ojalá se cumpla: Bruselas cree que en el tramo final de 2021 la normalidad será casi absoluta y no habrá apenas restricciones.

A la vez, el vicepresidente de la Comisión, Margaritis Schinas, lanzó una advertencia contundente al Gobierno en el foro Vocento, celebrado hace unos días: no habrá fondos sin reformas. E instó a Sánchez a algo que ha desechado: un pacto con la oposición para hacer de la reconstrucción un asunto de Estado. Su frase no pudo ser más clara: "Nadie va a firmar cheques en blanco. Los Estados más reticentes se reservaron la opción de, si no les convencían los planes, llevarlos en julio al Consejo europeo".

La bala de plata europea

Esto último es clave: el unilateralismo de Moncloa, que se ha negado incluso a dar a conocer el informe del Consejo de Estado sobre la gestión de los Fondos decidida por Sánchez, no será suficiente para sortear los dos exámenes anuales a los que España deberá someter el gasto del maná europeo. Ni tampoco para esquivar la "bala de plata" que todos los socios de la UE tienen para paralizar las transferencias si algo les huele raro.

 

El último mensaje lo ha dado la Banca, dejándole claro al Gobierno que no hará quitas de deuda y que sus líneas de rescate y de avales han de tener garantías jurídicas. Todos piden seriedad y consenso, pero Sánchez ha optado por “privatizar” los fondos y convertirlos en un trampolín de promoción personal.

"En el principio del camino se lo puede permitir, porque es un asunto nacional. Pero que nadie se engañe en el Gobierno: el dinero europeo tendrá control europeo y será exigente", explican las mismas fuentes. Lo sabe Felipe González, que esta semana ha reclamado una reforma urgente de la "Administración Pública". Y lo sabe la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, el bombero que intenta, a duras penas, apagar los fuegos de Sánchez e Iglesias.

El Eurogrupo

Precisamente este lunes Calviño tuvo reunión del Eurogrupo, el clan de ministros de Hacienda y Economía de la Unión. Oficialmente, las conclusiones del encuentro son esperanzadoras: hay consenso con que el "grifo" de las ayudas se mantenga abierto "lo que sea necesario".

España tiene que entregar papeles en un mes a lo sumo si quiere recibir dinero, 10.000 millones, en junio

Pero fuentes europeas confirman a ESdiario que las exigencias serán máximas y que España las está cumpliendo con retraso: aún no ha enviado la versión definitiva de las "30 fichas" que recogen las reformas imprescindibles para obtener los fondos de rescate, con tres de ellas especialmente las relativas a pensiones, mercado laboral y gasto público en estructuras.

A este respecto, el Ministerio de Economía debe enviar sus propuestas definitivas en marzo, para cumplir con los acuciantes plazos y aspirar a recibir los primeros 10.000 millones de euros en junio. El Gobierno ya los ha consignado en los Presupuestos Generales, pero los necesita fuera del cómputo de deuda, ya asfixiante a pesar de que prima de riesgo contenida.

Entre las bambalinas europeas, los acuerdos avanzan, sí. Y España se beneficiará de ello, sin duda, pero con una sospecha ya asentada en Bruselas sobre los objetivos y los plazos del Gobierno español y las dos almas que lo ocupan: la tecnocrática de Calviño, o la populista de Iglesias. Allí, esperan que se imponga siempre la primera. Aquí, no siempre ha podido.