| 02 de Diciembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Estudiantes retenidos en Palma de Mallorca
Estudiantes retenidos en Palma de Mallorca

¿Qué hubiera pasado si en lugar de Mallorca y Armengol fueran Ayuso y Madrid?

Los mismos que atacaron a Madrid fabulando con fiestas ilegales y turistas peligrosos callan hoy ante la negligencia de Armengol en Baleares, incapaz de parar y gestionar un macrobrote.

| ESdiario Editorial

 

La Justicia ha anulado el cautiverio forzoso decidido por el Gobierno de Baleares para decenas de estudiantes que, pese a haber dado negativo en las pruebas de detección de coronavirus, habían sido obligados a guardar cuarentena en un hotel sin ninguna autorización del juez y sin nada que les relaciona claramente con el enorme brote desatado en Mallorca, con 1.100 casos contabilizados y una decena de Comunidades afectadas.

De entrada, cabe apelar a la negligencia de los chavales que sí se contagiaron y extendieron el virus tras participar en eventos de masas sin guardas las archiconocidas normas de seguridad: estén o no cansados del año y medio de restricciones; haya o no estado de alarma; tengan o no más culpa las autoridades sanitarias y autonómicas; siempre hay una parte de responsabilidad propia e intransferible. Y muchos han demostrado carecer de ella, sin justificación ni disculpa alguna.

Si en lugar de Armengol y Mallorca fueran Ayuso y Madrid, las críticas y presiones ocuparían las primeras planas

Pero dicho lo cual, no se pueden adoptar caprichosamente decisiones que conculquen libertades básicas y pongan en cuarentena al Estado de Derecho por una sospecha sin soporte sanitario ni respaldo legal adoptada por un Gobierno cuya presidenta, Francina Armengol, fue sorprendida en pleno confinamiento tomando copas en un bar cerrado al público en un horario de toque de queda.

 

La falta de consecuencias de ese penoso comportamiento y las excesivas represalias para el de chavales "inocentes" retratan a la presidenta balear como una déspota cantonal que aplica al resto medidas caprichosas mientras se indulta a sí misma de excesos muy graves.

Y evidencia, una vez más, la doble vara de medir con que se juzga la gestión de los representantes políticos en función del partido al que pertenecen. No es difícil de imaginar la presión que sufriría la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, si primero hubiera tolerado fiestas masivas y, a continuación, hubiese retenido sin permiso legal a decenas de jóvenes.

Los mismos que magnificaron entonces hechos menores; silencian ahora bochornos mayúsculos y mucho más evidentes, sin el pudor necesario para moderar su enésimo ejercicio de hipocresía al servicio de Sánchez. Que de eso se trata.