| 05 de Diciembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez, en la cumbre hispano-rumana
Pedro Sánchez, en la cumbre hispano-rumana

Sánchez rinde a España ante Bildu y ERC

Las obscenas concesiones del Gobierno al separatismo catalán y vasco son de una gravedad extrema y colocan al presidente en el lado mas oscuro de la historia.

| ESdiario Editorial

La Guardia Civil va a ser expulsada de Navarra, por la enésima concesión del PSOE a Bildu, un socio clave para Pedro Sánchez que, además, le dio el Gobierno de la Comunidad Foral pese a haber perdido las Elecciones.

Que técnicamente se trate "solo" de transferir las competencias en Tráfico o que esa posibilidad ya se barajara en tiempos de Aznar no le resta gravedad al regalo ni minimiza su consecuencia real: el universo abertzale ha logrado la infame victoria moral de cumplir uno de sus sueños, el desalojo de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, tantas veces objetivo del terrorismo.

 

No es lo mismo transferir competencias para asentar el anclaje constitucional de una Comunidad que hacerlo para aumentar sus objetivos rupturistas. Y tampoco es lo mismo hacerlo gobernando UPN que haciéndolo, de tapadillo, la heredera de Batasuna: en el primer caso se consolida la vinculación nacional de la región en cuestión; en el segundo se alimentan sus delirios separatistas.

Que ese regalo obsceno coincida además con la derogación del delito de sedición hace aún más evidente la rendición del Gobierno de España y su irresponsable entrega a quienes solo le apoyan para obtener de él más concesiones: no es un intercambio de ideas y acuerdos sustentados en el bien común; sino el pago a plazos del importe global de un secuestro político.

Envidia del Reino Unido

El chantaje separatista, aceptado por Sánchez, contrasta con el freno al separatismo escocés en el Reino Unido: mientras aquí se anula el delito de sedición, alfombrando el camino para un nuevo golpe constitucional, allá se zanja definitivamente la posibilidad de celebrar otro referéndum de independencia en Escocia.

La diferencia es tan abrumadora que solo cabe envidiar al vecino sajón y lamentar la catadura de un presidente, el nuestro, sin más principios que su supervivencia. Y bien capaz de poner en venta la idea constitucional del país que dirige para poder hacerlo unos meses más, al coste que sea.