| 26 de Septiembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Violencia en la Diada
Violencia en la Diada

Presidente, ¿el odio en Cataluña no merece ni una palabra suya?

Sánchez lleva años blanqueando al separatismo mientras magnifica odios inexistentes en España para estigmatizar a sus rivales.

| ESdiario Editorial

La última Diada ha dejado imágenes inaceptables de violencia en Barcelona, ni mucho menos aislada y limitada a un lugar concreto: aunque los hechos más graves tuvieron lugar frente a la Jefatura Superior de la Policía Nacional al término de la manifestación principal; toda la jornada estuvo marcada por altercados de distinta intensidad pero idéntico odio.

Que la tensión les pasara factura incluso a los paladines del "procés", como Oriol Junqueras, es una prueba más del monstruo que los partidos separatistas ha ido creando, con la complicidad del Gobierno de Sánchez, gran blanqueador de un movimiento al que debería de haberse opuesto frontalmente: lejos de eso, lo ha legitimado como nadie.

Y lo seguirá haciendo esta semana, con la celebración de una insólita "Mesa del Diálogo" con la Generalitat a la que acudirán seis ministros del Gobierno y, tal vez, el propio Sánchez: más allá de las nuevas cesiones que hagan; el reconocimiento de la bilateralidad y la creación de una entidad de negociación distinta al Congreso es ya una victoria definitiva para el separatismo.

Que sabrá explotarla cuando Sánchez, ahora estratégicamente distante, vuelva a necesitarles: lo hizo para la moción de censura y para sus dos investiduras. Y lo hará, que nadie lo dude, cuando su concurso sea imprescindible para cuadrar números.

Sánchez lleva años apoyándose en el separatismo y blanqueándolo: su aparente distanciamiento no debe engañar ya a nadie

Porque nadie ha hecho tanto por resucitar un movimiento en constante degradación y fuertemente dividido como Sánchez y su Gobierno. Y nada habrá legitimado tanto como él que, en el futuro, el radicalismo definitivo sea la respuesta a la imposibilidad de lograr su infausto objetivo rupturista.

Y esto se percibe especialmente en el estrepitoso tratamiento que el Gobierno ha hecho en solo unos días de un odio inexistente y de otro bien cierto: utilizar una agresión falsa a un gay para acusar al PP y VOX y mirar para otro lado con el odio y la violencia en Cataluña, deja bien clara la hipocresía y tragaderas de un presidente que jamás actúa por principios: todo en él son siempre intereses.