| 29 de Noviembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Yolanda Díaz
Yolanda Díaz

Un presidente débil que necesita dialogar y someterse a su propia vicepresidenta

A todos los peajes con Bildu o ERC, Sánchez le añade los de Podemos y Yolanda Díaz, alejados todos ellos siempre de las necesidades del país que supuestamente gobierna.

| ESdiario Editorial

 

PSOE y Podemos siguen sin poder pactar una postura común ante la reforma laboral, tras una jornada esperpéntica que demuestra todas las debilidades del Gobierno y en especial de su presidente, Pedro Sánchez: tras la insubordinación de su vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, la respuesta ha sido confirmarla al frente de las negociaciones y rodearla de ministros para disimular su sometimiento.

Que en lugar de buscar el acuerdo con la oposición en asuntos de Estado, Sánchez tenga que estar discutiendo con sus propios socios, lo dice todo de la estabilidad de un Gobierno que es más Frankenstein que nunca.

Por un lado, Podemos se rebela contra el PSOE en dos frentes: anunciando una reforma laboral incompatible con el sentido común y las directrices de Bruselas y, además, anunciando una querella contra la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, por desposeer de su escaño al diputado Alberto Rodríguez en cumplimiento de una sentencia del Supremo.

 

Y por otro, ERC presiona al PSOE en la negociación de los Presupuestos vinculando su decisivo apoyo a cuestiones tan folclóricas y alejadas de la responsabilidad de Sánchez como el uso del catalán en una plataforma de televisión de pago.

Todo ello en la mismas horas en que, además de visibilizarse las miserias del Gobierno, se ha constatado el antagonismo entre sus mensajes de optimismo económico y la realidad que presagian las instituciones financieras: el Banco de España, como la AIREF, el FMI, la OCDE o BBVA Research; ha vuelto a revisar muy a la baja las previsiones de crecimiento económico de España.

Si Sánchez tuviera verdadera autoridad, no tendría que negociar con una vicepresidenta segunda cuyo cargo depende de su firma y procedería a destituirla.

Lo que pone aún más en entredicho los temerarios Presupuestos de Sánchez, basados en un gasto histórico sustentado en unos ingresos ficticios que engordarán la deuda y el déficit más abultados de Europa. Solo las necesidades de Sánchez explican el espectáculo que sufre la opinión pública, con partidos de discurso antisistema y exigencias alocadas que, sin embargo, tienen la sartén por el mango.

En ese escenario, Sánchez solo tiene dos opciones: aceptar la intervención de Podemos, ERC o Bildu y aprobar sus alocadas exigencias, o romper con todos ellos, alinearse con Europa, pedir el respaldo negociado de la oposición para cumplir con Bruselas y convocar Elecciones anticipadas con la mayor rapidez.

Sánchez acata las imposiciones siempre

El sentido común indica que la segunda opción sería la más saludable; pero la experiencia indica que, desde 2018, Sánchez se ha decantado siempre por la primera: aceptar los peajes, aumentar el estropicio y ganar tiempo a cualquier precio. La cuestión es a qué precio para España: el ya pagado es demasiado alto.

En todo caso, ya es insostenible intentar cuadrar el círculo: no se puede garantizar en Bruselas el respaldo a Nadia Calviño, partidaria de flexibilizar el mercado laboral; y atender en Madrid a Podemos. Como tampoco se puede defender la Constitución y aceptar la bilateralidad con Cataluña o respetar a las víctimas y pactar con Bildu.

Si Sánchez tuviera verdadera autoridad, no tendría que negociar con una vicepresidenta segunda cuyo cargo depende de su firma y procedería a destituirla. Como no la tiene, debe pasar por la humillación de dialogar con ella y quizá aceptar sus imposiciones, sustentadas en una visión sindicalizada del mundo laboral, frentista con el empresario y difícilmente compatible con las necesidades del país con más paro femenino y juvenil de Europa.