| 13 de Septiembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez con los agentes sociales
Pedro Sánchez con los agentes sociales

La chapucera reforma de las pensiones de un Gobierno que no se priva de nada

Sánchez convierte en publicidad engañosa una reforma de las pensiones cuyo contenido real, una vez más, esconde a la opinión pública.

| ESdiario Editorial

 

Pedro Sánchez ha presentado con gran boato su reforma del sistema de pensiones, con más propaganda de autobombo que contenido real, según suele ser su costumbre: mucha grandilocuencia y escaso contenido. En este caso, se ha limitado a cambiar el llamado "factor de sostenibilidad" por la revisión con arreglo al IPC, lo que en síntesis elevará un gasto ya inmenso sin despejar para nada el futuro.

Mientras el presidente se fotografiaba con los agentes sociales en los jardines de Moncloa, su ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá, anticipaba las reformas reales que tienen en marcha, ajenas al pacto firmado y desvinculadas de la opinión de patronal y sindicatos.

 

Que ambas escenas ocurrieran en el mismo día ya denota la insoportable tendencia de Sánchez a actuar en dos realidades paralelas, distintas cuando no antagónicas, con un fin perverso y siempre oscurantista: hacer una cosa en las penumbras mientras sostiene la contraria en público, con el despliegue habitual de confeti.

En este caso, ha escondido su deseo de cargar los ajustes de las pensiones en quienes hoy las financian, los nacidos entre 1958 y 1977, a quienes parece esperarles un futuro gris: ahora soportan una presión fiscal desmedida, que seguirá subiendo; pero mañana dispondrán de unas pensiones ínfimas o deberán prolongar su vida laboral para disponer de una retribución más decente.

Si hace falta tocar las pensiones, que se aplique la rebaja el Estado en lugar de aplicar recortes e impuestos siempre

El contraste entre el boato de Sánchez y la naturaleza de su reforma es tan formidable como su natural tendencia a pensar que se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo. Una actitud inaceptable siempre, pero especialmente en asuntos tan delicados como éste, troncal en la vida de los ciudadanos.

Aplazar las reformas reales para no asumir el coste político mientras se despilfarra en el presente para buscar beneficios electorales es impropio de un Gobierno serio y respetuoso con la madurez de la sociedad para la que trabaja. La ciudadanía se merece la verdad. Y que ésta además sea comprensible.

¿El Gobierno no se aplica recortes?

Porque si bien parece inevitable una reestructuración del sistema de pensiones, la paguen los jubilados actuales, los del futuro o se lo repartan entre ambos; antes y a la vez debería aplicarse la misma doctrina al conjunto del Estado y al propio Gobierno en particular.

No puede ser que para el ciudadano solo se prevean recortes de prestaciones y subidas de impuestos y que, mientras, la industria pública no se prive de nada y viva ajena a la realidad que gestiona e impone al resto.