21 de Abril de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez y Pablo Iglesias

Iglesias se marcha pero el populismo y el separatismo siguen mandando en Moncloa

No hay que engañarse con la salida del líder de Podemos: el Gobierno seguirá intervenido por el populismo y el separatismo, quizá de manera más rotunda y negativa que nunca.

| ESdiario Editorial

 

Pablo Iglesias dejará de ser hoy vicepresidente segundo, pero Podemos seguirá teniendo intervenido el Gobierno desde dentro, con cinco ministros controlados por quien sigue siendo el líder del partido y tiene una capacidad de desestabilización mayor que nunca, por mucho que anuncie el abandono próximo de todas sus funciones excepto las que puedan concederle la Elecciones madrileñas.

Se marcha del Ejecutivo un mal político y un horrible gestor, definido por su nula capacidad para atender los problemas reales y su enorme destreza para generar otros inexistentes, estimulando un clima de confrontación, sectarismo y demagogia poco acordes con el momento del país y con la actitud general de los españoles.

Pero deja bien inoculado el nefando virus del populismo, bien por convicción de Sánchez, bien por estricta necesidad aritmética: mientras no se atreva a convocar otras Elecciones Generales, que serían las quintas en apenas cinco años, el presidente será un rehén de los socios y aliados que eligió cuando, en 2018, decidió llegar a Moncloa a cualquier precio, con una moción de censura que habilitó como copropietarios del Gobierno a los peores adversarios de España.

 

Por mucho que los altavoces oficiales se empeñen en establecer una diferencia entre el PSOE y Podemos o presenten la salida de Iglesias como una especie de liberación que facilitará la moderación del Gobierno; la realidad es bien distinta y Sánchez seguirá siendo deudor de una doble fiscalización del populismo y del independentismo, más agria si cabe que la ya conocida.

Que Iglesias salga del Gobierno le retrata a él; pero que ha formado parte del mismo define sobre todo a Sánchez.

Porque a la imprevisibilidad de Iglesias en su probable ocaso se le añade la de un separatismo dispuesto, pese a las dificultades, a entenderse a regañadientes en Cataluña, donde antes o después será capaz de firmar un acuerdo para controlar la Generalitat.

Un presidente a la deriva

Y lo que quedará es lo que siempre ha habido: el presidente con menos parlamentarios propios de la democracia, deudor de alianzas sin escrúpulos que ya le pasan todas las facturas y beneficiario de una fractura en el centroderecha que ya empieza a subsanarse con el aparente eclipse de Ciudadanos.

Tener un Gobierno tan débil en un momento tan terrible es una mala noticia, sin duda. Pero también la consecuencia de las trapacerías de un Pedro Sánchez sin otra agenda que la supervivencia, la improvisación y la ayuda externa de Europa. Que Iglesias salga del Gobierno le retrata a él; pero que ha formado parte del mismo define sobre todo a Sánchez.