| 17 de Enero de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez
Pedro Sánchez

¿De qué presume Pedro Sánchez?

El triunfalismo del presidente es una burla y una falta de respeto a la ciudadanía, que vive y padece una realidad muy distinta a la que intenta colocar el Gobierno.

| ESdiario Editorial

 

Con una comparecencia pública limitada a las preguntas de los medios más afines al Gobierno, Pedro Sánchez intentó negarle a los españoles lo que ven con sus propios ojos y sufren en sus propias carnes: una terrible combinación de crisis económica y sanitaria a la que no se vislumbra un final claro.

El triunfalismo del presidente no solo está injustificado, sino que además es una burla y una falta de respeto que evidencia, una vez más, que su mayor prioridad no es atender el duro contexto, sino intentar preservar sus intereses con una ceremonia de propaganda simplemente insostenible.

 

España es el país que más ha sufrido las consecuencias económicas de la pandemia y el que menos está creciendo una vez superada la fase más grave, al menos en términos de mortalidad; pero Sánchez niega de palabra y obra un diagnóstico confirmado por todos los datos oficiales y suscrito por los principales organismos nacionales e internacionales; como si su mera opinión fuera suficiente para enmendar ese inmenso estropicio.

Ni toda la cosmética de Sánchez puede tapar ya la realidad de que España vive una situación horrible que puede prolongarse en 2022

Si a todo ello se le sume la disparatada inflación, que no va a pasar pronto; y las subidas fiscales en marcha y anunciadas para 2022; la conclusión no puede ser más tétrica: en el peor momento posible, España padece a un presidente irresponsable que se dedica a maquillar la realidad y a echarle la culpa a la oposición, con la ayuda de medios de comunicación centrados más en la defensa de su padrino que en la narración de la verdad.

Sin pactos de Estado

El año que termina ha sido infructuoso en la búsqueda y aplicación de grandes reformas estructurales derivadas de grandes pactos de Estado, y sus consecuencias son bien visibles en términos de destrucción económica y de mantenimiento de las más altas cotas de desempleo de Europa. 

Y por muchas operaciones cosméticas que lance Moncloa, presumiendo de reformas menores o contraproducentes, la realidad no varía. Ni siquiera el dinero de Europa, el único recurso del Gobierno junto a las subidas de impuestos, puede ya esconder la evidencia de que España no funciona y que, con este presidente, corre en el sentido contrario a las soluciones que podría encontrar.