23 de Enero de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Arnaldo Otegi, con la portavoz de ERC

Inaceptable exaltación del terrorismo y chantaje al presidente de España

Bildu jalea a terroristas con delitos de sangre y extorsiona al Gobierno, de la mano de ERC, publicitando cuál es el precio de su apoyo: avanzar en la independencia.

| ESdiario Editorial

 

Las últimas 24 horas han sido trágicas para la memoria y el futuro de España, al visualizarse de manera escandalosa y definitiva lo que ya era un secreto a voces: la dependencia absoluta del Gobierno de la peor combinación imaginable de adversarios de la convivencia, la democracia y la Constitución.

Varias escenas de la misma película lo atestiguan. La más vergonzosa fue, sin duda, el homenaje a un etarra con asesinatos a sus espaldas al volver a su pueblo; jaleado por un histórico dirigente de Batasuna hoy convertido en eurodiputado de Bildu. Que Pernando Barrena dirija a un criminal el mensaje de "Bienvenido a casa" y exija que "liberen a todos" los etarras demuestra quién son y dónde están los socios de Sánchez.

A la vez, el líder máximo de Bildu, Arnaldo Otegi; compareció conjuntamente con la representante de ERC, Marta Vilalta, para dejar claro que ambos partidos van a hacerle una pinza conjunta a La Moncloa y para dejar claro cuál es el precio de su apoyo: avanzar en la autodeterminación.

Por último, el vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, se vanaglorió de contar con los herederos de Batasuna al mismo tiempo en que el jefe de la oposición, Pablo Casado, lleva cinco semanas esperando que Pedro Sánchez le devuelva una llamada.

Sánchez no coge el teléfono a Casado pero consiente que sus socios exalten a terroristas con asesinatos a sus espaldas

La España real que busca Sánchez queda así tristemente perfilada como un proyecto sectario y excluyente con partidos de mayorías y dependiente de quienes han escrito las peores páginas de la historia reciente del país y están dispuestos a despedazarlo en el futuro aprovechando la dependencia del Gobierno.

Que Moncloa tolere la exaltación del terrorismo y a la vez pacte con quienes lo hacen supone una degradación ética, política e institucional sin precedentes. Y que lo haga para aprobar unos Presupuestos o garantizar la supervivencia de un presidente, le convierte en rehén de un chantaje y no en beneficiario de una alianza.

Si en ese contexto al PP se le ocurre pactar la renovación del CGPJ, algo improbable pese a la presión del Gobierno, caerá el último muro de contención ante tanto abuso  y tanta desvergüenza que exige una contestación institucional y social sin precedentes, a la altura del desafío lanzado por esta coalición indecente y peligrosa.