| 04 de Octubre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Casado y Abascal, en el Congresp
Casado y Abascal, en el Congresp

La tensión entre PP y VOX sube para satisfacción del Gobierno

El clima preelectoral que se vive en España, con dos años llenos de Elecciones, explica el enfrentamiento entre ambos partidos, pero no lo justifica si ello auxilia a Sánchez.

| ESdiario Editorial

 

De manera sorprendente, pero no inesperada, el “día después” del 13F ha puesto más el foco en los dos ganadores de la cita, PP y VOX, que en los grandes perdedores, el PSOE, Podemos y Ciudadanos.

Dos son las razones para ese aparente contrasentido: de un lado, la ya eterna confrontación entre PP y VOX, ideológicamente complementarios pero electoralmente competidores, para entenderse y permitir la investidura de Alfonso Fernández Mañueco con un acuerdo de mínimos, como propone el PP con eufemismos; o con uno de máximos que incluya la coalición de Gobierno, como reclama VOX).

Y de otro, el resucitado pulso interno entre Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso, que ha vuelto a pedir a través de un portavoz la celebración inmediata de un Congreso en Madrid que la permita presidir el partido y se ha distanciado de Casado, defendiendo sin ambages un acuerdo claro con VOX.

 Tras ese mensaje se adivina uno de mayor enjundia: la sensación, extendida en una parte del PP, de que la presidenta madrileña ofrece mejor rendimiento electoral que Casado y es mejor para frenar la escalada de VOX y medirse a Sánchez con garantías: sea esto o no cierto o justo, supone sin duda un problema añadido para los populares, incapaces de disfrutar con cierta tranquilidad de ninguno de sus éxitos.

Sobre Castilla y León, hay que tener claro algo: las negociaciones para conformar Gobierno están muy condicionadas por el efecto nacional que tienen. El PP prefiere gobernar en solitario, como insistió Casado en su comparecencia pública del martes, para quitarle al PSOE y a Podemos el argumento propagandístico, falaz pero útil, que maneja desde que Juanma Moreno llegara a la Presidencia de la Junta de Andalucía: el miedo a la ultraderecha como eje movilizador de sus votantes. Algo que activaría si PP y VOX cerraran el primer Gobierno de coalición de España.

Eso explica que el PP prefiera gobernar sin coaligarse con VOX, con una fortaleza y una debilidad: la fortaleza procede de que Mañueco es el único que puede ser investido con una u otra fórmula: suma más que PSOE, Podemos y Ciudadanos juntos y el PSOE solo podría llegar a la Presidencia si juntara todos esos apoyos; los de los partidos localistas y la abstención de VOX. La única alternativa a Mañueco es, pues, la repetición electoral.

La situación nacional y la caída del PSOE y de Podemos obligan a los ganadores, PP y VOX, a tener una altura de miras que, de momento al menos, no están teniendo

Pero la debilidad nace de la dificultad que puede tener para el propio electorado popular su negativa a entenderse con VOX, con quien suma el 49% de los votos, 15 puntos más que toda la izquierda junta. El enfrentamiento entre las cúpulas de ambas formaciones parece lejano a la complicidad que probablemente sienten sus electorados.

En ese contexto, PP y VOX deben hacer un esfuerzo para no defraudar a sus electores y encontrar la fórmula que garantice un Gobierno estable en Castilla y León y, a la vez, no debilite la alternativa a Pedro Sánchez tanto en las próximas Elecciones Andaluzas (previstas ahora para finales de año) ni para las Generales, que quizá no se celebren hasta principios de 2024.

No es sencillo porque son partidos que compiten entre ellos tanto o más que contra el PSOE, lo que dificulta su relación y alimenta el discurso de la izquierda, muy cómoda sin tener que dar explicaciones por su gestión ni por sus reiterados malos resultados electorales: le basta con activar otra “alerta antifascista” y extender el miedo, sin pudor alguno pese a que sus alianzas con Bildu o ERC son bastante más deplorables que una entre PP y VOX.

La alternativa a Sánchez

Para resolver este dilema, hay que recalcar algo: la alternativa a Sánchez vendrá con un pacto entre el PP y VOX o no vendrá. La cuestión es si eso empieza a visualizarse con una coalición en Castilla y León o se pospone a las Generales; apostando mientras por fórmulas intermedias de apoyo externo como las vigentes en Madrid o Andalucía.

Si PP y VOX ponen como gran prioridad relevar a Sánchez, sabrán encontrar la fórmula adecuada. Si anteponen la lucha electoral entre ellos, defraudarán a sus votantes, reforzarán al Gobierno y taparán sus inmensos problemas:

Porque el PSOE ha sacado el segundo peor resultado de su historia en Castilla y León; ha visto casi extinguirse a su socio Podemos; ofrece un balance muy negativo para España resumido en una crisis económica sin parangón en Europa y además depende del independentismo.

Sánchez está, pues, en su peor momento. Permitirle recurrir otra vez a la “alerta antifascista” sería un craso error de PP y VOX: si tanto le preocupara al PSOE frenar a VOX, permitiría la investidura de Mañueco con su abstención. Su rechazo a esa posibilidad, entre amenazas del Gobierno contra el PP si se entiende con VOX, desvela su juego y obliga a los ganadores a tener una altura de miras que, de momento al menos, no están teniendo.