23 de Junio de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Puigdemont y Junqueras, antes del 1-O
Puigdemont y Junqueras, antes del 1-O

El separatismo y Sánchez: historia de un ridículo muy dañino

El independentismo que dice representar a toda Cataluña es incapaz de entenderse entre sus lamentables facciones. Pero Sánchez lo ha avalado todo por sus necesidades.

| ESdiario Editorial

 

A dos semanas de que termine el plazo para investir presidente o se tengan que celebrar nuevas Elecciones en julio, Cataluña sigue bloqueada por la ruptura aparente de ERC y Junts, cuyos contactos se limitan a una reunión sin gran contenido inducida por la CUP, lo que en sí mismo da cuenta del despropósito general de sus conversaciones.

La guerra entre Junqueras y Puigdemont por la hegemonía del independentismo deja ahora en el alero la investidura de Pere Aragonés: Junts solo apoyará su designación si participa en el Gobierno de la Generalitat, lo que evidencia la lamentable naturaleza del separatismo. Más que una alianza, Puigdemont quiere un marcaje para tener al “enemigo” cerca y Junqueras lo contrario.

La resistencia de ERC a la coalición demuestra una grieta clara entre los objetivos de los dos "gallos" del nacionalismo, con una aparente diferencia entre ellos: Puigdemont representa definitivamente el ala dura del separatismo, partidario de la “vía 1-O” unilateral y a corto plazo.

 

Y ERC se mantiene en una línea más “moderada”, pero es presa del temor a que Junts convierta esa estrategia en una renuncia a la independencia que le haga perder apoyos y deje el camino libre a Puigdemont para erigirse en el único independentista “real” de Cataluña.

Además de excluyente y empobrecedor, el separatismo no se entiende ni a sí mismo y va de bochorno en bochorno

El miedo de ERC se percibe claramente en su negativa aparente a buscar el respaldo externo del PSOE-PSC: sin duda sería más coherente con la alianza que ya tienen en Madrid, reforzada por Sánchez e imprescindible para agotar su legislatura. Y de la sintonía entre ambos da cuenta el veto de la Comisión de Justicia a una reforma legal presentada por el PP que haría inviables los indultos por delitos de sedición o rebelión.

La incapacidad total

No hay que descartar una oferta de última hora del PSC para evitar la repetición electoral. Ni tampoco un acuerdo en el último minuto entre ERC y Junts que, en realidad, ninguno de los dos quiere. Y ni siquiera convocar de muevo a los catalanes a las urnas.

Que todo pueda pasar y que todos puedan ser enemigos o aliados demuestra el desquiciamiento de un movimiento que, además de excluyente y empobrecedor, es incapaz de ponerse de acuerdo a sí mismo.