27 de Enero de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Otro desastre con Filomena: ni quisieron verlo venir ni atienden los estragos

Nada explica la imprevisión ni la lamentable respuesta posterior: la Administración Pública no sufre lo que el resto de la sociedad y no justifica el enorme gasto que supone.

| ESdiario Editorial

 

La borrasca Filomena ha vuelto a exhibir, con toda su lamentable extensión, la insuficiente preparación de la Administración Pública para atender emergencias de gran magnitud, sin duda, pero no imprevisibles: al igual que con el coronavirus, la tormenta fue anunciada con suficiente tiempo de antelación como para que, al menos, sus estragos pudieran paliarse.

Y si la prevención falló con estrépito, con el virus y con la nieve; la respuesta posterior también ha sido lamentable. Primero se permitió la circulación libre de vehículos particulares, mercancías y transporte público, abocando a miles de personas a quedar atrapadas en la nieve.

 

Y después se reaccionó con pocos medios, demostrándose que el ingente gasto público que comportan las tres administraciones (nacional, autonómica y municipal) no da para disponer quitanieves suficientes: algo que podría tener sentido en un país poco dado a estos fenómenos meteorológicos si no se dilapidaran tantos presupuestos en organismos superfluos.

Porque menos necesarios que esos recursos técnicos que las ciudades han demostrado no tener son la miríada de observatorios, institutos, fundaciones y toda laya de organismos innecesarios, duplicados e inservibles que sin embargo existen: si siempre ha sido necesario auditar el gasto público, su destino y rendimiento; en tiempos de crisis global es imprescindible.

La "industria política" es la única que no sufre las crisis que no sabe prever ni gestionar: el virus y la nieve lo han demostrado de nuevo

Porque si antes era injusto, ahora es además insostenible: no puede ser que quienes sufragan todo ello con sus impuestos sean los únicos damnificados por la cadena de errores que acompaña a cada crisis, protagonizada por quienes, paradójicamente, viven de ese esfuerzo fiscal pero nunca pagan las consecuencias.

Dos falsedades

Y no basta con decir, con la nieve como con el virus, que "no se veía venir". Primero porque no es cierto. Y segundo, porque aunque lo fuera, no hay justificación posible. Ni para dejar heladas las calles de decenas de ciudades durante una semana, como parece que va a ocurrir, ni para poner solo un 20% de las vacunas recibidas.

La llamada "industria política" es la única que no padece la recesión, el paro o los ERTES que soporta el resto de la sociedad, al límite de su capacidad de sufrimiento. Y ese antagonismo entre los rigores de unos y el bienestar de otros no puede perpetuarse. Especialmente si, cuando llega la emergencia de turno, la respuesta siempre es la misma: era imprevisible y no podemos hacer mucho más. Dos falsedades irritantes que la ciudadanía ya no tiene que admitir.