| 20 de Enero de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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El Rey Felipe VI
El Rey Felipe VI

El discurso del Rey es, sobre todo, para Pedro Sánchez y sus socios

Aunque don Felipe suscribió una parte de la agenda y del relato del Gobierno, lo más relevante de su alegato navideño tiene un claro destinatario: el presidente.

| ESdiario Editorial

 

El Rey dio en Nochebuena el discurso que cabe esperar de un Jefe de Estado, alejado de trincheras políticas que descentrarían su posición central en la convivencia institucional y social española. Eso puede provocar que se añoren ciertos mensajes en asuntos tan polémicos como la exclusión del español en la educación catalana, simbolizada en el niño de Canet; pero garantizan a la larga un equilibrio imprescindible para que la Casa Real ejerza su función.

En este sentido, no tuvieron nada de sorprendentes las palabras del Rey, bien alejadas igualmente del tono condenatorio hacia su padre que esperaban, o incluso exigían, los mismos socios de Gobierno que miran para otro lado ante abusos condenados o denunciados de los suyos y lanzan condenadas paralelas contra el Emérito, pese a no estar siquiera imputado  y quedar bien cerca el archivo de todas las causas en su contra.

 

Sus apelaciones a las crisis sanitarias y económicas, sus guiños a la juventud en la que pronto estará la Princesa Leonor o su defensa del ecosistema son, por razones obvias, parte de la sintonía que la Monarquía ha de preservar con el Gobierno de turno, por mucho que a algunos les moleste esa necesaria conexión, que nunca es un respaldo a ciegas ni incluye la hoja de ruta más ideológica del Ejecutivo vigente, en este caso extrema como nunca.

Si el Rey habla de la Constitución, no puede haber mayor destinatario del recado que un Gobierno aliado con sus enemigos

 

Para encontrar lo sustantivo del alegato real hay que irse a su cerrada defensa de la Constitución; de las leyes y de la imprescindible ejemplaridad; tres mensajes genéricos pero que pueden y deben ser anotados en el buzón de mensajes remitidos a Pedro Sánchez. No solo a él, pero también a él y a sus socios, que son quienes menos claro tienen ese espacio común legal y moral.

El Rey no puede posicionarse con nadie ni contra nada, salvo en momentos excepcionales como el del golpe institucional de la Generalitat de Cataluña en 2017. Pero sí es razonable interpretar lo que dice entre líneas: y apelar al consenso y el diálogo en una España marcada por el Gobierno más sectario desde 1978 es, le guste o no a su receptor, un mensaje del que debe tomar nota Sánchez como nadie.