25 de Febrero de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez

Tercera ola de coronavirus y de caótica gestión

Los errores, negligencias y desapariciones del Gobierno han amplificado los estragos del virus y ponen en duda su credibilidad para imponer sin más restricciones ruinosas.

| ESdiario Editorial

 

España padece una tercera ola del coronavirus que, en realidad, es la primera ya desatada en marzo pero con otro nombre, quizá para simular que alguna vez hubo una tregua y que la laxitud mostrada por las autoridades, en verano y antes de Navidad, no fue una combinación de negligencia y error de cálculo.

Porque cabe recordar que en julio, con un entusiasmo incompatible con la realidad, Pedro Sánchez dio por “vencido” al virus. Y que, antes de Navidad, su Gobierno se negó a tomar  medidas o a pedirlas, permitiendo que el debate versara sobre el número de comensales a cada evento navideño en lugar de las restricciones necesarias para no alimentar al virus.

Esa cadena de estrepitosos fallos, ya vistos en marzo con el insólito desprecio a las alarmas internacionales cursadas desde dos meses antes, ha amplificado los estragos de la pandemia, incontenible en su expansión pero no en su dimensión, como prueban tantos otros países con incidencias menores.

Nada puede imponerse sin ninguna explicación de los mismos irresponsables que por tercera vez no lo vieron venir pero nunca pagan los desperfectos de su caos

Porque han sido decisiones políticas las que han agravado un drama inevitable, resumidas en la flagrante contradicción de un Gobierno que, por un lado, se ha dotado del estado de alarma más prolongado de Europa pero, por otro, se ha inventando el eufemismo de la cogobernanza para despreocuparse de sus responsabilidades más elementales.

Todo ello para señalar a las Comunidades Autónomas, cuando a no los propios ciudadanos, de los rebrotes, la subida de los contagios, el incremento de la mortalidad y el probable colapso hospitalario en ciernes. Todo el mundo es más culpable, en fin, que quien tiene la máxima responsabilidad legal, las mejores herramientas y la máxima autoridad.

Que ahora se recurra a los toques de queda, los confinamientos y los ruinosos cierres comerciales, sin compensaciones prefijadas para los damnificados; puede ser quizá necesario. Pero no puede imponerse sin ninguna explicación por parte de los mismos irresponsables que por tercera vez no lo vieron venir pero nunca pagan los desperfectos de su caos.