| 28 de Junio de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Rafa Nadal, en París
Rafa Nadal, en París

La importancia de Rafa Nadal para una idea sólida de España

Los inmensos éxitos del tenista son algo más que deportivos y representan una lección de valores, compromiso e identidad muy necesarios en una España devaluada desde dentro.

| ESdiario Editorial

 

Rafael Nadal acaba de ganar su 14 título de Roland Garros y con ello su 22 Grand Slam, dos más que Federer y Djokovic y solo uno menos que la también tenista Serena Williams, récord absoluto con 23.  Con esta victoria, el español puede sentirse tal vez el mejor deportista mundial de todos los tiempos en cualquier modalidad.

Ni Michael Phelps en natación ni Tiger Woods en golf ni Valentino Rossi en motociclismo ni Michael Jordan en baloncesto o Mohamed Alí en boxeo; por citar algunas de las glorias más incontestables; han logrado el expediente de un deportista único que puede mirar desde arriba al resto con los números en la mano.

 Pero además de sus méritos deportivos, Nadal tiene dos virtudes poco frecuentes: una capacidad de sacrificio edificante y una humildad personal aleccionadora. A todo eso le añade una condición, en clave española, muy destacable.

Siempre defiende a su país; siempre ganara para su país y siempre presume de su país. Algo que debería ser muy normal pero que, en estos tiempos, resulta casi revolucionario y le ha provocado polémicas políticas absurdas pero muy definitorias de la política que se sufre en España, antiespañola incluso desde el propio Gobierno.

No se trata de politizar el deporte; sino todo lo contrario: de advertir de cómo algo tan normal como sentir España, que es el caso de Nadal, se ha convertido en algo ofensivo para quienes defienden un modelo de país alejado de sus símbolos, sus tradiciones, sus referencias e incluso sus instituciones.

Valores

Rafa Nadal, un gran campeón, es un ejemplo y un modelo para España de valores, éxitos y humildad. Y un mensaje involuntario pero muy contundente para sus detractores: sus éxitos y la conexión que logra con la ciudadanía son el mejor ejemplo de la fortaleza de un país que demasiado a menudo tiene a sus peores enemigos dentro.

No es casual que Podemos le haya criticado con dureza en el pasado, aunque le felicitó, rindiéndose a las evidencias: son los mismos que atacan cualquier símbolo nacional. Y el tenista es, sin duda, uno de ellos.