| 26 de Septiembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Joe Biden
Joe Biden

Biden, Macron y Sánchez: tres discursos y solo uno tiene razón

Los discursos y decisiones de Biden no ayudan nada en un conflicto achacable al cruel Putin que él también incendió para luego retirarse y hacer caja.

| ESdiario Editorial

 

 

El presidente de los Estados Unidos ha aumentado la tensión con un discurso desde Polonia, matizado luego por la propia Casa Blanca, en el que llamó “carnicero” a Putin y defendió que no podía “seguir en el poder ni un minuto más”.

Todo Occidente está de acuerdo en ambas cosas, pero el lenguaje diplomático desaconseja ese tono si con él, lejos de solventarse problemas existentes, se generan otros nuevos: desafiar al Kremlin ha demostrado ser una mala estrategia y solo ha servido para hacer más feroz su respuesta.

Biden ya elevó la crispación defendiendo, antes de la invasión, la entrada de Ucrania en la OTAN, finalmente desechada con el país ya sumido en una inhumana guerra. Y no ayuda tampoco su retórica belicista, con alusiones nucleares, cuando en la práctica la colaboración con Ucrania está siendo muy insuficiente, según denuncia casi a diario el presidente Zelenski.

Europa tiene que ser clara contra Putin pero tener también voz propia ante un Biden que dice y hace cosas incomprensibles

Para Biden, en realidad, la guerra no está siendo mal negocio: su industria armamentística puede “beneficiarse” mucho del rearme de Europa y sus exportaciones en gas también. Quizá la Unión debería ser capaz de integrar su alianza atlántica, incuestionable, con un discurso propio exigente hacia Rusia, pero no necesariamente calcado al de Washington.

Y Sánchez, en su "isla"

Eso vino a pedir Macron, sin ambages en su crítica al presidente norteamericano, en la confirmación de que el presidente de Francia está emergiendo como la gran voz de Europa tras el adiós de Merkel, capaz de tener discurso propio sin perder el evidente bando en el que la Unión debe estar y está.

Un papel bien distinto al de Pedro Sánchez, empeñado en anteponer sus intereses personales incluso en Europa: la formidable propaganda que ha puesto en marcha para vender como un hito el permiso para crear una isla energética temporal, que lo tienen todos los socios de la Unión, demuestra el antagonismo de agendas de unos y otros y el poco peso de la agenda española en los momentos más decisivos de Europa en décadas.