| 16 de Octubre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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La detención de Puigdemont dignifica a España y retrata a Pedro Sánchez

La humillante impunidad del prófugo catalán puede terminar, al fin. Y de paso medirá de nuevo al Gobierno de España, entregado a una causa ajena a los intereses nacionales.

| ESdiario Editorial

 

La detención de Carles Puigdemont mientras participaba en un acto de exaltación independentista en Cerdeña es, antes de nada, un acto de justicia poética para España: era inaceptable, y humillante, que un golpista contumaz pudiera pasearse impune por Europa, con cargo y sueldos públicos de parlamentario.

Y que se dedicara más tiempo a enjuiciar el Estado de Derecho español que a poner al prófugo a disposición de la Justicia era un escándalo, amén de un riesgo para el conjunto de la Unión Europea, incapaz de entender que el desafío separatista en Cataluña tiene una capacidad de contagio enorme en un continente debilitado y sometido a demasiadas tensiones ya.

 

Por todo ello es de desear que Italia, a diferencia de otros países, se limite a tramitar la euroorden firmada por el Tribunal Supremo y el juez Pablo Llarena, impecables e implacables en la defensa de la legislación vigente frente a presiones y decisiones políticas en su contra.

No se entendería nada que Puigdemont volviera a librarse de la extradición por una interpretación abusiva de la Justicia italiana, que no puede convertir un trámite en una especie de enmienda a la totalidad de los procedimientos judiciales españoles, como ha ocurrido en algunas instancias belgas o alemanas, en un claro exceso de sus funciones.

Sánchez fue a las urnas prometiendo la detención de Puigdemont y el aislamiento del separatismo. Y lo ha rehabilitado todo

Tarde más o menos en sentarse en un banquillo, Puigdemont debe someterse a juicio y pagar por sus delitos, que no son pocos ni menores. Y, a la vez, Pedro Sánchez enfrentarse a la cadena de promesas incumplidas, pactos oscuros y apaños sellados con ERC.

Porque el líder del PSOE se presentó a las urnas prometiendo el endurecimiento del Código Penal, el asilamiento del secesionismo y la detención de Puigdemont. Y luego hizo justo lo contrario, entregando la llave de Moncloa a quienes desestabilizaron a España y pagando peajes tan insoportables como los indultos, la Mesa del Diálogo y la bilateralidad.

¿Y ahora qué, presidente?

¿Qué hará ahora el Gobierno? ¿Cómo afectará todo ello a su endeble estabilidad y a sus relaciones con ERC, tan alejada de Puigdemont como obligada a mantener un apoyo falso y a modificar tal vez su relación con el PSOE por temor a ser acusado de autonomista?

Quizá este episodio le venga mal a Pedro Sánchez y a Pere Aragonés, pero para el resto de España, para su Estado de Derecho y para su Justicia, es una espléndida noticia que ojalá culmine, pronto, con la extradición y un juicio justo con una condena acorde a los abusos de tan siniestro personaje.