| 21 de Mayo de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Paz Esteban, directora del CNI
Paz Esteban, directora del CNI

El horrible papel de Sánchez en Pegasus le invalida como presidente

Es inadmisible que Sánchez haga socios preferentes a los mismos dirigentes investigados por el CNI por constituir una amenaza para la seguridad nacional.

| ESdiario Editorial

La directora del CNI demostró, en una comparecencia en la Comisión de Secretos Oficiales a la que acudió señalada por unos y desprotegida por el Gobierno, que la Inteligencia española investigó bajo tutela judicial a 18 líderes independentistas, entre ellos al presidente de la Generalitat, Pere Aragonés.

Lo que dijo Paz Esteban era lo previsible, y solo el interesado victimismo del separatismo, aliado con la tibieza del Gobierno, explica que se haya querido convertir en un escándalo lo que era, en realidad, una genuina misión de la Inteligencia española en defensa de la seguridad nacional y del Estado de Derecho.

Nada extraño tiene que el Estado vigile a quienes ya habían organizado una asonada, se vanagloriaban de ella e insistían en que volverían a hacerlo en cuanto las circunstancias se lo permitiera: lo extravagante sería que, ante una amenaza de esa envergadura, se mirara para otro lado.

Lo sonrojante en esta historia es que Pedro Sánchez eligiera como socios, y vinculara a ellos su propio cargo, a dirigentes a los que el propio Estado consideraba peligrosos y que, además, procediera luego a indultarlos para mantener el control de La Moncloa.

El papelón de Sánchez

Que el CNI intenta adelantarse a cualquier desafío a la Seguridad Nacional no solo es legítimo: también es obligatorio. Y que lo haga con el conocimiento del Gobierno, también. Lo que no encaja es que, lejos de mantener ese discurso, Sánchez lleve semanas intentando taparlo, integrando al independentismo en la Comisión de Secretos oficiales y permitiendo que se ponga en duda a la propia democracia española y a sus servicios de inteligencia.

Si a este bochorno se le añade el de la variante del "Caso Pegasus" relativa al espionaje al presidente, el corolario es estremecedor: España tiene por presidente a un político capaz de indultar y entregar la gobernación del país a unos insurgentes y, además, utiliza una amenaza externa para calmarles y hacerse la víctima solidaria, sin aclarar si Marruecos es responsable ni explicar por qué cambió de postura en el Sáhara siendo consciente del ataque.