27 de Enero de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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La M40, colapsada

Un Gobierno inútil: caos con el COVID, caos con las vacunas y caos con Filomena

Con Filomena ha pasado lo mismo que con el coronavirus o las vacunas: se sabía que llegaba, pero las medidas preventivas han sido desastrosas y los estragos inmensos.

| ESdiario Editorial

 

El temporal de nieve que acompaña a la borrasca "Filomena" era conocido y estaba anunciado desde hace días, los suficientes como para haber tomado decisiones preventivas que, como en tantas otras cosas durante un año aciago, se han echado en falta de manera clamorosa.

La imagen de Madrid enterrada en nieve, aislada y atrapada; resume una galopante imprevisión que resulta, una vez más, inaceptable. Porque una tormenta de esta magnitud y duración no se puede evitar, como sucede con una pandemia, pero sí se puede paliar adoptando medidas de antemano que minimicen los estragos.

Los avisos eran tan claros como los que, desde enero a marzo, recibió el Gobierno desde la OMS o la Unión Europea para el caso del coronavirus. Y la respuesta, de nuevo, ha sido igual de tardía y torpe: en el primer caso, se resume en las mayores tasas de contagio y mortalidad del mundo.

 

En el segundo, en la estampa de cientos de coches y camioneros atrapados en carreteras en las que nunca debieron estar. O viajeros prácticamente abandonados en las estaciones de trenes y autobuses que no se aplazaron, con tiempo suficiente, hasta bien entrada la noche.

La concatenación de desastres en la gestión se completa con dos capítulos que reflejan también la abismal diferencia entre el autobombo que se da este Gobierno y los resultados objetivos de su gestión: de un lado, la campaña de vacunación sigue a niveles ínfimos al lado de la urgencia nacional que se sufre en España.

No se ponen miles de vacunas como no se evita que miles de ciudadanos se queden tirados en las carreteras: es inaceptable

De otro, la brutal subida de la luz en plena ola de frío y de crisis económica en los hogares y empresas, refleja la demagogia de un Ejecutivo que hizo campaña de incrementos mucho menores y ahora asiste como mero testigo pasivo a este repunte histórico del recibo energético.

Lo cierto es que la Administración Pública se ha tomado vacaciones desde diciembre, por distintas razones que merecerían un análisis sosegado y profundo, y que ese antagonismo entre el sufrimiento de la población y la respuesta de los servicios e instituciones que sufraga es ya insoportable.

Y encima, subidas de la luz y de impuestos

El virus o la nieve no nacen de los errores u olvidos de ningún Gobierno, sea el central o los autonómicos; pero su impacto sí está íntimamente ligado a la eficacia de los poderes públicos. Y lo cierto es que la imagen final que dejan no puede ser más deplorable.

Cientos de miles de vacunas en el almacén; miles de conductores atrapados y, además, ERTES, paro, cierres y subidas de impuestos para sufragar una Administración que se mantiene con ese esfuerzo, no sufre los mismos rigores y con frecuencia está desaparecida o actúa con infame retraso.