31 de Julio de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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El Rey Felipe, en Barcelona
El Rey Felipe, en Barcelona

El Rey no tiene que hacerse perdonar en Cataluña

Don Felipe ha ido a Barcelona a auxiliar a su desvencijado tejido empresarial, no a hacerse disculpar por los mismos que dieron un Golpe contra la Constitución que les da empleo.

| ESdiario Editorial

 

 

El Rey no fue recibido formalmente ni por el presidente de la Generalitat de Cataluña, Pere Aragonés; ni por la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, durante su visita al Círculo de Economía para apoyar el tejido productivo catalán, muy dañado tras la fuga de 7.000 empresas a otras Comunidades provocada por el empobrecedor "procés".

Ninguno de los dos dirigentes cumplió con sus obligaciones institucionales y, todo lo más, aceptaron un corrillo a puerta cerrada, caso de Aragonés, o participar en la cena de gala, en el de Colau. Los dos, en fin, despreciaron al Rey de España, que además es el Jefe del Estado, incumpliendo con sus obligaciones constitucionales y con la mera cortesía.

 

Y sin embargo, el Gobierno y sus altavoces se han empeñado en presentar los hechos como un ejemplo de distensión, con bochornosas interpretaciones sobre el supuesto avance que supone que un presidente autonómico se deje hacer una fotografía de tapadillo con el Rey o acuda a uno de los actos donde estaba aunque luego se ausente del principal.

La realidad es que el Rey es vetado, plantado y denigrado desde hace años por las instituciones catalanas, que no por sus ciudadanos. Y que ante ese desprecio, el Gobierno responde indultando a los ofensores, avalando sus delirios y animando a que progresen en su desafío.

El Rey no tiene que hacerse perdonar por los golpistas a los que ayudó a frenar con su celebrado discurso del 3-O

Y, por supuesto, intentando simular que el propio Rey tiene algo que hacerse perdonar por representar a una España superada o por su célebre discurso del 3 de octubre, cuando se ganó el aprecio popular al implicarse directamente en parar el golpe institucional perpetrado por quienes hoy están a punto de salir de prisión para pactar con el Gobierno la legalización de sus abusos.

El Rey y los indultos

No es de extrañar que algunos se pregunten  qué papel debe ejercer don Felipe ahora e incluso le animen, de algún modo, a negarse a rubricar los indultos. Pero sus obligaciones constitucionales son claras y su margen de maniobra escaso: salirse de esos parámetros generaría más problemas de los que solventaría y le colocaría en una posición difícilmente sostenible.

Lo oportuno es dar una lección de su ejemplar respeto a las normas y un testimonio de su saber estar, incluso en las condiciones más adversas: porque eso le cargará de autoridad para intervenir, si llega el momento, tal vez cuando haya un Gobierno que anteponga el interés de España a su estricta supervivencia personal.