25 de Enero de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez

Pedro Sánchez entrega España definitivamente a Iglesias, Junqueras y Otegi

El Gobierno del país, en su peor momento, ya es copropiedad de los partidos que por distintas razones menos creen en la España constitucional. Y Sánchez es el responsable de ello.

| ESdiario Editorial

 

El proceso que comenzó en 2018 con la moción de censura y ha incluido todas las investiduras de Pedro Sánchez, entregado a una peligrosa mezcla de populistas y separatistas, ha culminado definitivamente esta semana con el pacto presupuestario del PSOE y Podemos con ERC y Bildu.

El presidente ha decidido caminar por una senda sin retorno, intercambiando su estabilidad personal por la subordinación de los intereses nacionales, en el peor momento imaginable, a los caprichos de unos partidos que no creen en la España constitucional, caso de Podemos; o que no creen simplemente en España y quieren trocearla, caso de los independentistas catalanes y vascos.

Y esa decisión de un PSOE irreconocible e indigno de sus incuestionables servicios a España desde 1978, se hace a sabiendas de las consecuencias. De todos los socios de Sánchez podrá decirse cualquier cosa negativa, y todas serán ciertas. Pero no que mientan o escondan sus planes.

Podemos defiende abiertamente la demolición del "Régimen del 78"; la apertura de un nuevo periodo constituyente y la sustitución de la Monarquía Parlamentaria por una República, más de corte guerracivilista que americana o francesa.

Sánchez es el compañero de viaje de unos aliados que no quieren a España, en lugar del primero en frenarlos

ERC defiende la independencia a la fuerza de Cataluña, hasta el punto de que su líder máximo está en la cárcel -hasta que Sánchez lo indulte en breve- por intentarlo. Y Bildu busca exactamente lo mismo, si renegar del terrorismo que lo intentó durante décadas asesinando a casi 900 personas y sembrando el pánico en decenas de miles más.

Nadie puede alegar que desconoce quiénes son los copropietarios del poder en España ni cuáles son su fines. Y nadie puede justificarlo, tampoco, diciendo que era su única alternativa: Sánchez existe gracias a todos ellos. Y pretende perdurar con ellos, el mayor tiempo posible.

 

En esa misma línea hay que entender el intento de asalto al Poder Judicial; el atraco fiscal a Madrid; la invasiva Ley Celaá; la capciosa Ley de Memoria Histórica; la inhumana ley de eutanasia o la apuesta por la censura informativa: se está cambiando España por la puerta de atrás, sorteando los escollos constitucionales poco a poco y forzando una nueva realidad que se haga inevitable por la vía de los hechos consumados.

Desde un punto de vista conceptual, el primer responsable de defender a España está al frente de la campaña de acoso que el país está sufriendo, a manos de quienes más pruebas han dado de que sus metas son letales. Aceptarles como compañeros de viaje equivale a convertirse en uno de ellos.