30 de Julio de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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La última Conferencia de Presidentes presencial, en 2019
La última Conferencia de Presidentes presencial, en 2019

Sánchez cede más impuestos al País Vasco mientras quiere subírselos a Madrid

El Gobierno se paga su estabilidad consagrando agravios en España y permitiendo privilegios al País Vasco, Navarra o Cataluña que además quiere que pague Madrid.

| ESdiario Editorial

Pedro Sánchez despide el curso político con un balance de autobombo que, antes de conocerse, ahondará en la especie artificial de que España va por buen camino y de que su Gobierno es un ejemplo de transparencia; y con la Conferencia de Presidentes convocada para el viernes en Salamanca.

Allí no acudirá el titular de la Generalitat, Pere Aragonés, convencido de que sus desplantes refuerzan su supuesta particularidad sobre el resto de presidentes y reforzado por Moncloa con una mesa bilateral que viene a concederle un estatus especial que no tiene.

Y sí irá, en el último momento, el lendakari vasco, Íñigo Urkullu, pero no precisamente por buena voluntad ni compromiso con la España autonómica: si en la anterior ocasión aceptó presentarse a cambio de 2.000 millones de euros extra; ahora lo hará previa cesión al País Vasco de las tasas Tobin y Google y del IVA por las compras a distancia.

 

Que el mismo presidente que permite o impulsa ambas trágalas, incompatibles con la cohesión territorial y promotoras de privilegios, insista una y otra vez en acusar de "dumping fiscal" a la Comunidad de Madrid y esté empeñado en subir los impuestos a los madrileños; deja claros una vez más los principios del personaje.

Es inaceptable que Sánchez se compre apoyos dando privilegios y mientras quiera pasarle la factura a Madrid

A los beneficios fiscales que ya tienen el País Vasco y Navarra, resumidos en una ínfima aportación al Estado con excusas históricas; se le añaden ahora los privilegios políticos y económicos que Sánchez quiere darle al independentismo catalán a cambio de tiempo: porque eso es lo que consigue a cambio, en exclusiva, sin una renuncia expresa a unos planes soberanistas que en realidad el Gobierno va cargando de razones.

¿Que pague Madrid?

Con ese panorama, intentar que Madrid pague los platos rotos y además, lejos del reconocimiento a su solidaridad, sea estigmatizada, es inaceptable. Porque no hay progresismo alguno en consagrar el principio de que, quien más tiene, más se tiene que quedar si a cambio concede un apoyo interesado a un Gobierno coyuntural que va a legar a España problemas estructurales.

Es tan evidente el agravio, y tan obvias las causas que lo impulsan, que cabe preguntarse hasta dónde serán de permisivos con el abuso los presidentes de otras comunidades que, con estos esquemas, también sufren o sufrirán estragos. ¿Los Page, VaraLambán o Puig van a ser antes de sus comunidades o del PSOE sanchista, tan irreconocible? El viernes despejarán la duda. Y sus vecinos deberán tomar nota.