| 04 de Julio de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez, a principios de mes
Pedro Sánchez, a principios de mes

Sin bajada masiva de impuestos, no hay plan útil para España

El Gobierno insiste en sus fuegos artificiales con unas medidas insuficientes, negativas o inútiles que ya han fallado en el pasado.

| ESdiario Editorial

 

El Gobierno ha aprobado ya en  el Consejo de Ministros el “plan de choque” para frenar la escalada de precios en los carburantes, la luz y el gas. Lo sustantivo es que renuncia a la bajada masiva de impuestos que había anunciado Pedro Sánchez y opta por la subvención directa de los combustibles (20 céntimos por litro, 5 de ellos puestos por las petroleras) y por el intervencionismo (limitar a un 2% la subida de los alquileres o prohibir el despedido procedente para encarecerlo si se produce).

La medida con la gasolina durante solo 3 meses es similar a la que aplicará con la luz: en lugar de reducir los impuestos (que suman casi un 50% del coste para el consumidor), opta por financiar desde el Estado una parte del coste, con un matiz: con los carburantes financia directamente al consumidor; con la luz lo hará a las empresas de gas, para completar lo que pierden al “topar” el precio de su producto temporalmente.

 

Eso significa, básicamente, que el Estado no quiere renunciar a los ingresos fiscales (salvo a una pequeña parte por precisar en el recibo eléctrico) y prefiere aumentar peligrosamente la deuda pública y consolidar un crecimiento de la inflación.

¿Y los impuestos?

La razón es evidente: una rebaja masiva de impuestos que dejara el IVA al 4% o deflactara el IRPF para adaptarlo a la inflación le obligaría a recortar gasto público y no tendría el mismo efecto político que tiene asentar la idea de que es el Gobierno quien auxilia directamente a la población, a la que en realidad “devuelve” una mínima parte de lo que le ha estado cobrando y le seguirá cobrando durante meses: apenas un 18% del sobreprecio que tiene la gasolina desde hace meses, por ejemplo.

El plan tiene más de medida ocasional que de propuesta estructural: de los 16.000 millones, 10.000 son préstamos del ICO (algo sorprendente cuando hay pendientes de conceder 35.000 millones de un plan idéntico presentado en la pandemia) y los 6.000 millones restantes serán ayudas directas, bajadas fiscales modestas, bonos sociales eléctricos, planes para el transporte, la ciberseguridad y la subida del 15% del Ingreso Mínimo (cuando aún no se le paga al 60% de los beneficiarios potenciales por problemas burocráticos).