| 21 de Mayo de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez, este miércoles en el Congreso
Pedro Sánchez, este miércoles en el Congreso

Sánchez, malherido y entregado a unos socios chantajistas

Que el Gobierno busque ahora el apoyo que despreció a Feijóo es tan lamentable como que, a la vez, se entregue al separatismo y ni así logre calmarlo.

| ESdiario Editorial

 

El Gobierno se ha servido de la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, para anunciar una reforma que le permitirá al PSOE incluir a ERC y a Bildu en la Comisión de Secretos Oficiales; el “búnquer” donde residen los asuntos más delicados de la Seguridad Nacional.

Lo piensa hacer de la misma manera en que ya intentó, sin éxito, modificar el sistema de elección del Poder Judicial, para sortear el procedimiento que ahora obliga a que los grandes asuntos de Estado tengan el consenso de los dos grandes partidos.

La medida coincide con el apogeo del llamado “Caso Pegasus” y con el debate sobre el “plan anticrisis” de Sánchez, dos asuntos que tienen en vilo al Gobierno y ponen en riesgo su continuidad: esa inestabilidad, agravada por la ofensiva de Podemos desde dentro del Ejecutivo, posiblemente explica las insólitas concesiones del presidente en los dos frentes.

En el “Caso Pegasus”, ha consentido que se denigre al CNI y que se discuta el derecho del Estado a vigilar, con todo el respaldo judicial que se da por supuesto, a cualquier elemento que afecta a la seguridad nacional: y el separatismo lo es, sin duda. Pero Sánchez ha preferido que parezca un espionaje espurio y que se ponga en duda a la ministra de Defensa, Margarita Robles, posible damnificada política de este asunto.

¿Y ahora apela a Feijóo?

Y para rematar su entreguismo hacia el independentismo y tratar en vano de calmarlo, le va a dar entrada en la comisión que precisamente vela por el mantenimiento del orden que desprecian ERC y Bildu. Con ese panorama, la posibilidad de pactos de Estado como los ofrecidos por Feijóo parecen más lejos que nunca: Sánchez ha elegido de nuevo socios y no parece estar dispuesto a explorar otras alternativas moderadas.

Otra cosa es que ni con ello le sirva para aprobar su mediocre plan anticrisis: que recurra en el último momento al PP para intentar salvarlo, mientras sus socios aumentan la presión y le dejan en precario, pone en evidencia la frivolidad y el desnortamiento de  un presidente superado por las circunstancias y por sus propias decisiones.