12 de Abril de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez, este viernes en Moncloa

¿Cuándo piensa Sánchez parar la violencia y aislar a los violentos?

La violencia extrema en Cataluña no nace de repente: es un largo proceso de años alentado por partidos concretos y blanqueado por el actual presidente del Gobierno.

| ESdiario Editorial

 

 

Barcelona ha vivido otro fin de semana de violencia extrema, resumida en una imagen apabullante por su crueldad: la de un agente a punto de morir quemado dentro de su vehículo, prendido por uno de los salvajes que llevan años prendiendo fuego a Cataluña, con distintas excusas, jaleados o insuficientemente reprendidos por las autoridades.

Desde el famoso "apretad" de Quim Torra a los CDR, si no antes, la violencia se ha naturalizado en Cataluña desde las propias instituciones, abonadas a la ley de la selva y aliadas con los peores excesos: los disturbios, lejos de ser un hecho aislado, son la manifestación extrema de un fenómeno antisistema alimentado desde dentro del sistema.

Los escraches, la declaración del Rey como persona "non grata" en distintos municipios catalanes, el despliegue de lazos amarillos en edificios públicos, la comprensión hacia okupas o manteros y el sistemático posicionamiento de la Generalitat contra la ley generan un caldo de cultivo que impulsa, sin duda, las manifestaciones de esa misma radicalidad.

En España se ha naturalizado la violencia y el exceso. Y lo ha hecho como nadie Pedro Sánchez, desde hace años

Sin los discursos de Torra, Puigdemont, Junqueras, Colau o las CUP nada de esto ocurriría. Y si sucediera, carecería del contexto que todos estos irresponsables han generado para que los extremismos se sientan legitimados. Y no solo en Cataluña.

 

También la actitud y proclamas de Podemos en el conjunto de España han blanqueado los extremos y desdibujado la frontera entre las libertades y los abusos que caracteriza a un Estado de Derechos.

Su proclama germinal de "Asaltar los cielos" fue el pistoletazo de salida para una manera de entender la convivencia sustentada en el exceso, la persecución del rival y el desprecio a las leyes.

Que todo eso, sin embargo, haya alcanzado altas cotas de poder en España se debe, en último caso,  al actual PSOE y más en concreto a su líder, Pedro Sánchez: sus necesidades particulares le han llevado a convertir en socios a quienes debían ser apartados, sin excepción. Y con ello ha legitimado sus discursos, sus actitudes y sus desafíos no solo a la ley, sino también a los derechos humanos.