21 de Junio de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Blas Cantó, en Eurovisión
Blas Cantó, en Eurovisión

Ya está bien de hacer el ridículo en Eurovisión ante medio mundo

SI España no es capaz de sacar partido de un escaparate mundial de masas, debe replantearse su humillante presencia en un Festival en el que siempre queda por los suelos.

| ESdiario Editorial

Aunque pueda parecer una anécdota o un mero entretenimiento, Eurovisión es uno de los mayores escaparates del mundo para sus participantes, con audiencias masivas que superan incluso las de grandes acontecimientos deportivos y lúdicos, desde la Superbowl hasta los Óscar.

En el festival, se proyecta una imagen de país, que tantos de los convocados aprovechar para reforzar su marca y dar una idea de sí mismos que les sirva, estratégicamente, para reforzar su capacidad de atraer inversiones o turismo.

Sea más o menos justo, es así. Y por eso sí es relevante que España, año tras año y pese a ser una de las grandes financiadoras del certamen, haga el ridículo, sea humillada y sistemáticamente deje su casillero a cero u ocupe los últimos lugares de las tabla.

Si España no se ve capaz de aprovechar el escaparate de Eurovisión, debe replantearse su humillante presencia

Y lo hace por decisión de RTVE, que es un organismo público tutelado por el Gobierno y financiado por los ciudadanos con sus impuestos, y su reincidencia en el error: cambia de nombre al artista, pero siempre desplaza el mismo tipo de cantante y el mismo tipo de canción para obtener el mismo resultado. Que no es una simple derrota, comprensible en una competición siempre, sino un varapalo denigrante con cientos de millones de personas mirando.

 

Alguien debe hacerse responsable de este fracaso sistémico. Y algo debe cambiar. Porque para mostrarse así al mundo, pagando además la fiesta, quizá sea mejor no exhibirse. Si el objetivo es provocar pena, vergüenza, risas o todo ello junto; ha llegado el momento quizá de replantearse acudir.

Todo ello merece un debate serio, en el Congreso incluso, con la participación del sector y de esa secretaría de Estado de la "Marca España" que, al parecer, nunca tiene nada que decir cuando la imagen del país queda arrastrada por lo suelos.